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lunes, 15 de enero de 2018

La felicidad de envejecer (2da parte, final)


¡MARAVILLOSA Semana!!!!


Al hablar de santidad civil (no religiosa), estamos estableciendo una diferencia esencial, pues los santos religiosos pertenecen siempre a una comunidad específica:

los seguidores del Nuevo Testamento son santos cristianos; los del Corán, santos islámicos; los de la Torá, justos, o sea santos hebreos; y los sutras y escritos semejantes producen santos budistas. Estos libros establecen preceptos que deben ser respetados. Los católicos deben cumplir 10 mandamientos. Los judíos, 613 mitzvot que indican lo que hay hacer y lo que no a lo largo del día. Nunca veremos a la Iglesia católica declarando «santo» a alguien que diga «El Cristo no es Dios, sino su profeta».

Sin embargo esto no es así en el islam, donde un santo puede y debe declarar que el Cristo es sólo un profeta, de ninguna manera un dios. Así como los católicos no aceptarían un santo musulmán, los musulmanes tampoco un santo católico. Sería considerado un «infiel».

Nos han acostumbrado a que llamemos «santo» sólo a quien viva en el seno de una religión. Pero existen enormes diferencias dependiendo de que los santos sean católicos, sufíes, judíos, budistas o taoístas. Cada vez que se habla de «santidad», ésta se ve ligada a una institución o a una tradición que impone una moral determinada. Los mahometanos y los mormones se pueden casar con varias mujeres a la vez, cosa que un santo cristiano o judío no puede aceptar. Nadie se escandaliza por que un rabino se case y tenga hijos, sin embargo un monje católico ha de ser obligatoriamente casto. En resumen, la santidad es diferente según la tradición que la inspire. Si favorecemos una en desmedro de las otras, podríamos considerarnos intolerantes, racistas. El santo que permanece obtusamente encerrado en una religión, considerando «hereje» a quien profesa otra creencia, solamente es un «fanático».

¿Existe una santidad civil, libre, fuera de templos, libros sagrados, mandamientos caprichosos, prejuicios morales, prohibiciones y obligaciones doctrinarias? Para responder, antes tenemos que preguntamos si producir milagros es  una característica de la santidad. Según las leyendas, el Demonio es un maestro en el arte de romper las leyes universales y, tanto como Dios, puede seducimos haciendo milagros. Un individuo diabólico es capaz de hipnotizamos, embrujamos, provocar catástrofes en nuestras vidas... ¡La característica esencial del santo no es hacer milagros! .

¿Tiene que ver la santidad con las prohibiciones sexuales? ¿El hecho de que una mujer envejezca con su himen intacto o de que un hombre prefiera la abstinencia al coito, es prueba de virtud? ¿Es santidad convertirse en mártir, entregarse a la autoflagelación, vivir como un masoquista? ¿Es santidad hacer el bien por miedo al infierno o para intentar obtener un premio en el cielo? ¡Nada de eso! 

El santo civil, contrariamente a lo que se nos ha inculcado al respecto, no espera con impaciencia su muerte. No aspira a un más allá, sino a un más acá. Para él, Dios no está en el presente sino que es el presente mismo. Cada segundo es sagrado. Al despertarse, siente como un regalo maravilloso estar aún en el mundo.

Acepta con inmenso placer su existencia y la de los otros. Evita las destrucciones inútiles y dedica sus esfuerzos a construir jardines, sean éstos materiales o espirituales. No teme entregarse a esta locura divina que es la alegría de vivir. La sabiduría que le ha dado su longevidad, la comunica generosamente. No cree que guardar conocimientos secretos sea una forma de tener poder. El pan compartido es el mejor.

El santo civil, sabiéndose conectado a la fuente sagrada, respeta las ideas positivas que recibe y las transmite naturalmente, sin hacer esfuerzos por convencer.

Las siembra, sin despreciar a nadie, esperando que fructifiquen. Si no es así, no se lamenta porque sabe que no es único, que algún otro santo civil vendrá un día a hacer el bien donde él no ha podido hacerlo. Acepta sus sentimientos sublimes porque ha dejado de temer la locura. Aunque se burlen de él, o le tachen de absurdo, no se prohíbe amar a todos los seres que vivieron en el pasado. No los ve como ejércitos de pasivos difuntos, sino como energías vivas que nos aportan su esperanza -tal como el viento hincha las velas de un navío- y nos empujan hacia el futuro, ese en que nos convertimos en la Consciencia del universo. Tampoco se impide amar a los que vendrán. Haciéndose ancestro de millares y millares de vidas, sabe que el mal que se haga se mantendrá durante cinco o más generaciones y que los actos positivos repercutirán en miles de años. El viejo santo ama a los otros porque los ve como de su familia -incluidos animales, vegetales, minerales-o Bendice cada ser o cosa que entra en su campo de percepción, no porque crea que otorga milagrosamente la salud sino porque desea con todo su ser dársela a todos: en su interior, ha dejado de ser una fortaleza defensiva para convertirse en un templo abierto. Respeta cada palabra, cada sentimiento, cada deseo, cada necesidad. Aunque los vea desviados, al mismo tiempo conoce su esencia sagrada. Sabe que siempre la raíz del odio es el amor. Establece muy claramente la diferencia entre la crueldad del mundo aparente -aquel que la historia cree real;- y el mundo tal como es en su esencial potencialidad. A través de la agresión, de la injusticia, de la necedad bélica, busca y encuentra la belleza divina, así como se puede encontrar una perla dentro de una ostra. Nunca se deja absorber por los acontecimientos negativos, a pesar de padecerlos. No es un iluso, se da cuenta más que nadie de la codicia general, de la insania, de la decadencia, pero no las convierte en definición de la realidad. El recipiente de oro que contiene basuras no es basura.

El santo civil ve todo el tiempo a los otros como sus Maestros. Cada ser le aporta una lección, pues con sus cualidades le muestra lo que se debe hacer y con sus defectos le enseña lo que no se debe hacer. Cuando se encuentra frente a un prisionero del Yo personal, vampiro de energía obsesionado en someter a su capricho a los demás, lo considera un tirano útil porque le da la oportunidad de luchar contra sus reacciones de antipatía y vencerlas. Aprender a amar a los enemigos, aunque éstos nunca le correspondan, es el mejor ejercicio para su corazón.

El santo civil no vive en un tiempo que los no-mutantes llaman «normal». Aceptando que pronto se sumergirá en el vacío, lo ve en función de la eternidad.

Comparados con la unidad infinita, los problemas personales dejan de amargarlo. Son sólo obstáculos momentáneos, dificultades soportables, no forman parte de su ser esencial. Si tiene deudas, injustas o merecidas, las paga como puede, sin perder la calma. Sabe que todo sucede en una escala más vasta que la que percibe el Yo personal.

El santo civil, aceptando que su organismo pertenece al reino animal y consciente de que ha nacido con sexo, afirma que el deseo sano es sagrado. Admite - sin por ello perder su pureza- el placer, y si está inscrito en su destino, fundará una familia. Sabe que la castidad y la virginidad perpetuas son neurosis egoístas, producidas por una educación religiosa equivocada que tiene como raíz el incesto.

El santo civil, puesto que su Yo personal -cristalizado en un Yo superior, unido a un Yo esencial, al servicio del Dios interior- no se interpone entre ese inmenso amor que lo habita y el mundo, comprende y perdona. Es consciente de que vive en una sociedad implacable donde pululan ladrones, criminales, estafadores, locos, prostitutos capaces de traicionar por dinero sus convicciones, padres ausentes, madres invasoras, hermanos celosos, familias crueles. Sin embargo perdona, porque reconoce que se trata de una desgracia colectiva. No hay culpa individual. Con su mirada enraizada en la eternidad, el santo civil ve cuanto ocurre como el gran desarrollo histórico de una especie que asciende -con crisis, errores o peligros de extinción- del nivel animal al angélico. En esencia, sufrimientos útiles, semejantes a los del gusano que se retuerce en su capullo para surgir metamorfoseado en mariposa... El santo civil sabe que el ser humano no es, sino que está siendo. Sus descendientes, algunos siglos después, con agradecimiento y cariño, lo verán como él ve hoy a los antropoides. ¿Cómo entonces no va a perdonar, a través de sus propias heridas, el mal que le hicieron? Perdonar es comprender las causas del daño.

El santo civil, sin descuidar su propia vida, hace lo posible por ser útil a los demás, sin nunca juzgarlos. En vez de luchar contra el rencor y la locura, hace lo necesario para ponerlos al servicio de la creatividad... Sin embargo, sabiendo que una cosa es dar y otra obligar a recibir, ayuda hasta donde puede, y si el otro se encierra en su búnker, no insiste. Sólo trata de acompañarlo sin intervenir. Jehová dice: «Si tú amonestares al impío, y él no se convirtiere de su impiedad y de su mal camino, él morirá por su maldad, pero tú habrás librado tu alma» (Ezequiel3, 19).

El santo civil toma como un deber expresar lo que piensa. Si se le escucha, se siente bien. Si no se le escucha, no se perturba. Aunque no pueda cambiar al otro y aunque arriesgara su vida, le revela qué remedio es el que le convendría. Y le indica lo que él hizo consigo mismo: comenzó a analizar su desequilibro, separó sus cuatro egos, los liberó de sus escorias, los llevó a su más noble expresión y les dio una unidad. Supo domar a su Yo personal, enseñándole a inclinarse humildemente ante la Esencia y a tratar a los otros con bondad y delicadeza. «Para poderte amar, debo aceptar que bajo esa capa de imperfecciones eres perfecto. Si siento que a tu Esencia debo quitarle o agregarle algo, es que no la estoy viendo como una obra divina. Pero hay una frontera interna donde las críticas se esfuman. Es una felicidad que seas tú  mismo, sin que yo ni nadie te adultere.» Un santo civil no intenta cambiar a los otros, porque para él los otros son sagrados. En un jardín, se limitará a aspirar el perfume de las flores, sin quitarles ni añadirles pétalos. Regará la tierra donde crecen, y si ve abrirse un capullo, lo celebrará tanto como si en el cielo naciera una nueva estrella.

El santo civil sabe que todo rechazo, todo dolor, si hemos desarrollado nuestra consciencia, se transforma en oportunidad.

Una monja japonesa, entrada ya la noche, pide albergue en una aldea. Le cierran las puertas, expulsándola sin piedad. Se tiene que refugiar junto a unos árboles, temblando de frío. Al llevarse el viento las nubes, dejando lucir una luna llena, la monja ve que los árboles son cerezos. Al darles la luz, comienzan a florecer. La religiosa agradece el rechazo que le ha permitido asistir a la maravillosa eclosión de esas flores.


Alejandro Jodorowsky
Cabaret Místico


martes, 9 de enero de 2018

La felicidad de envejecer (1ra parte)


¡MARAVILLOSA Semana!!!

El inconsciente colectivo, atravesando el miedo a las decadencias física y espiritual, ha creado chistes en los que, de forma sutil, se exalta a los viejos. He aquí seis de ellos, además de un cuento hindú y una historia sufí, en los que el personaje de edad muestra una sabiduría y una delicadeza ejemplares.

1. El hombre más viejo del mundo recibe la visita de un joven periodista, activo e impetuoso.

-Señor, usted que ha logrado vivir tan enorme cantidad de años, ¿tiene un método?
-Sí. Tengo un método.
-¿Y cuál es?
-Algo muy simple: nunca contradigo a nadie.
-¿Sólo eso? ¡No es posible!
-Sí, sí, no es posible.

2. El hombre más viejo del mundo siempre ha tenido éxito en todo lo que ha emprendido. Un joven periodista le pregunta:

-¿Cuál es su secreto?
-El secreto de mis éxitos es la paciencia con que hago lo que debo hacer.
-¿En verdad es eso? ¡No me dirá usted que puede, por ejemplo, transportar agua en un colador!
-Sí puedo, a condición de esperar pacientemente que el agua se hiele.

3. El hombre más viejo del mundo ha amasado una enorme fortuna. Un joven periodista le pregunta:

-¿Cómo la ha logrado?
-Me enriquecí vendiendo palomas mensajeras.
-¿Cuántas vendió?
-Una sola, que siempre regresó.

4. 

Un viudo está en su hogar con toda su familia, hijos, nueras, nietos. El jefe de su hijo viene a tomar café. Le han preparado un gran pastel. Todos están muy nerviosos, sólo el viejo conserva la calma... 
Con gran ceremonia, las mujeres traen el pastel. Lo cortan, pero olvidan dar un trozo al viejo.  Mientras los otros comen, el anciano de pronto alza su plato y dice humildemente:
-Perdonad, ¿necesita alguien un plato limpio?

5. Un viejo está invitado a cenar en casa de una dama muy avara. Ella le sirve una taza de té y una tostada cubierta con una fina capa de miel. Viendo esto, el anciano le dice:

-¡Oh, señora, es usted muy generosa! ¡Tiene una sola abeja y me ha dado toda su miel!

6. Un viejo acude a buscar a su nieto al colegio. Una madre sale del lugar diciendo a su hijo:

-¡Niño descuidado, ve a lavarte las manos! ¡Es horrible tenerlas sucias!
El abuelo dice a su nieto:
- Muchachito, ve a lavarte las manos: es muy bello tener las manos limpias.

Cuento hindú:

La tradición de ese reino exige que los familiares lleven a los ancianos a una alta montaña,
donde mueren de frío. El consejero del rey, llegado ese cruel momento, ama tanto a su padre que lo oculta en el sótano de la casa. Viene a visitarlo el monarca y el consejero le ofrece una suntuosa cena.
De pronto aparece un demonio que dice al rey:
-Si no me contestas tres preguntas te llevaré conmigo a los infiernos. Ésta es la primera: ¿Cómo harías para pesar un elefante?
El rey no sabe qué responder porque no existe una balanza tan grande como para pesar a un paquidermo. El consejero baja al sótano y pide a su padre que le dé la respuesta. Regresa y dice al rey al oído:
-Pesar a un elefante, majestad, es muy simple. Colocad al animal en una barca. Debido a su peso, el navío se hundirá un tanto en el agua. Marque con un trazo, en el casco de la barca, el nivel del agua. Desembarque en seguida al elefante y reemplácelo por piedras hasta que el trazo se sitúe en ese mismo nivel del agua que se había dibujado. Pese en seguida las piedras.
El rey queda encantado con la respuesta y se la repite al demonio. Éste le plantea la segunda pregunta:
-Si tienes dos víboras, ¿cómo puedes saber cuál es macho y cuál es hembra?
El viejo también proporciona la respuesta:
-Las lanzo a un mullido tapiz. La que se mueve mucho es macho, la que se queda quieta es
hembra.
y la tercera pregunta fue:
-Tienes dos yeguas. Una es la madre y la otra, la hija. ¿Cómo saber cuál es la madre y cuál es la hija, si son idénticas?
El viejo aconsejó:
-Hay que ponerlas frente a un pequeño montón de paja. La madre es la que cede la paja a la otra.
El demonio se esfuma. El rey, encantado, agradece a su consejero las buenas respuestas que le ha dado. Éste le confiesa:
-No fui yo, sino mi anciano padre. Lo tengo escondido en el sótano.
El rey le contesta:
-Desde ahora queda abolida la ley que ordena matar a los ancianos, porque tienen la sabiduría.

Historia sufí:

Un obrero pierde su trabajo, cae en la miseria y junto con él toda su familia. Un día, en la calle, se encuentra con un viejo. Éste le dice:
-Soy un santo. Si me albergas en tu casa, ni a ti ni a los tuyos os faltará nunca de comer.
El obrero le cree y se lo lleva a su hogar. El viejo, con la desaprobación de la mujer y los hijos, se pone a devorar las provisiones de la familia.
Una mañana muy temprano, la esposa dice a su marido:
-Un nuevo día comienza y ya no tenemos nada que comer. Expulsa a ese viejo parásito.
El obrero despierta al anciano y le dice:
-Santo mentiroso: el gallo canta, un nuevo día comienza, tú estás aquí pero no tenemos nada que comer...
Responde, sonriente, el viejo:
-Te equivocas: aún queda un gallo.


En el chiste 1, el viejo nos enseña a ir a lo esencial sin malgastar nuestras energías en luchas y discusiones inútiles. Se dice la verdad a quien sabe escucharla.
El silencio es la mejor respuesta para los oídos sordos. El gran maestro de la ceremonia del té Sen no Rikyu, al que ya citamos antes, dice en uno de sus poemas:

Es necio quien juzga sin estudiar.
Al hombre que lo desea verdaderamente, con una profunda simpatía le enseño, sin ocultar, los secretos del té.

En el chiste 2, el viejo insinúa al joven que los principales ingredientes de toda realización son la paciencia y la perseverancia. Sin embargo, calla un valor que no ve en quien lo interroga: para insistir y perseverar hay que desarrollar una sólida confianza en uno mismo y en el valor de lo que se emprende. El amor a la obra sustituye el amor a los premios.

En el chiste 3, podemos interpretar «una enorme fortuna» como «un alto nivel de consciencia». El viejo nos enseña a lograr esto concentrando la atención, las fuerzas y la fe en una única finalidad. En lugar de cavar un centenar de pozos poco profundos, es mejor cavar uno solo hasta llegar al agua escondida.

En el chiste 4, el viejo nos enseña a pedir ofreciendo. La mejor manera de aprender algo es comenzar a enseñar. Si queremos curamos, comencemos a sanar a los otros. Si queremos tener, comencemos por dar.

En el chiste 5, el viejo nos enseña a no criticar despreciando al otro, pues de ese modo sólo conseguiríamos aumentarle las defensas. Es mejor revelarle su egoísmo interpretándolo como generosidad. No sintiéndose atacado, pero sí querido, el otro abrirá su corazón, conociendo el goce de dar...

En el chiste 6, el viejo nos enseña a progresar mirando hacia lo positivo que nos ofrece el futuro, en lugar de recular hacia la meta desprendiéndonos de lo negativo del pasado. La primera actitud, luminosa, nos causa placer; la segunda, sombría, nos angustia.

En el cuento hindú, el viejo nos enseña a transmitir a las nuevas generaciones los conocimientos adquiridos. Sin egoísmo, aceptando el rechazo prejuicioso de la sociedad, discretamente el padre ayuda al hijo. El hijo ayuda al padre manteniéndolo, con la transmisión de sus enseñanzas, activo en el mundo. Esto quiere decir que el anciano ha sido un padre comprensivo, presente; ha sabido no decepcionar el amor de su hijo, se ha hecho merecedor de su confianza. En lugar de conflicto, hay don y absorción de los valores familiares.

En la historia sufí, el viejo nos enseña que si hay una posibilidad de triunfo, por mínima que sea, no podemos decir que la batalla esté perdida. Debemos seguir luchando hasta el final. Posiblemente el obrero encuentre en el vientre del gallo un gran diamante. Suceden cosas inesperadas, tanto positivas como negativas. En Texas, por ejemplo, un buen hombre salió a la calle y lo mató una vaca congelada que cayó desde un avión de carga. La realidad no obedece a esquemas petrificados, en cualquier momento podríamos encontrar un diamante en el vientre de un gallo o podría caernos una vaca congelada sobre la cabeza.

Cuando hemos alcanzado un alto nivel de consciencia, con la edad y la renuncia a la seducción, desanudamos las amarras que nos ligan al cuerpo, y sin negado, sabiendo que es el templo donde hemos habitado, respetuosos dejamos de considerarlo nuestra identidad. A pesar de habernos programado para vivir una larga vida, sabemos que estamos ya mucho más cerca del fin que en años precedentes.

Somos capaces de captar la hermosura del tiempo que pasa. Cada segundo de vida nos parece un regalo sublime.

Como los que sufren una enfermedad terminal, conscientes de que disponemos de un tiempo limitado, cesamos de atenernos a planes importantes: nos contentamos con lo que somos, no con lo que seremos; con lo que tenemos, no con lo que tendremos. Dejamos de apegamos a lo superfluo, permitimos que se esfumen las esperanzas, y al cesar las esperanzas cesa el miedo. Todo es un obsequio: las pequeñas satisfacciones, los sutiles mensajes de los sentidos, el cariño que nos baña como un bálsamo el corazón, los encuentros amables con otros seres humanos, la capacidad de servir de ayuda a los demás. Cada día es un buen día.

Envejecer no es ni decaer mentalmente ni convertirse en una ruina. Si nos hemos preocupado de mantener la salud de nuestro cuerpo evitando drogas y alimentos nocivos o tomados en exceso; si nos hemos preocupado de hacer cada día un poco de ejercicio, de meditar o contemplar, de seguir aprendiendo cosas nuevas, de desarrollar frente a la impermanencia una plácida humildad conservaremos hasta el último momento la lucidez juvenil; gracias al estado angélico que nos produce la disminución del deseo sexual, la vejez es una maravillosa etapa de nuestra vida.

Quizá la mejor... Libres de angustias, de ambiciones, de posesiones inútiles, de ilusiones irrealizables, del deseo de ser reconocidos; capaces de amar incluso a quienes nos detestan, de aceptar los ataques y las críticas con simpatía, de silenciar el intelecto, de abrimos en todas direcciones, de ayudar a los otros a liberarse del sufrimiento, aunque más presentes que nunca sabemos vivir como si ya hubiéramos desaparecido, gozar del supremo placer de crear artísticamente por amor a la obra y no por amor, al aplauso, de colaborar en la mutación de la sociedad, de trabajar por un mundo mejor y, sobre todo, de encauzar a los jóvenes hacia el despertar de la Consciencia.

Un discípulo suplica a su viejo Maestro:
-¡Por favor, ayúdeme a vencer los límites de mi Yo personal!
-¿Quieres que en verdad te ayude? ¡Entonces vete de aquí! ¡Fuera!
-¡Pero lo necesito, Maestro! ¿Por qué me grita con tanta crueldad?
-Observa con atención...
Un pájaro entra en el cuarto por un pequeño agujero que hay en un cristal roto. Enloquecido, vuela chocando contra las paredes, tratando de salir. El anciano espera a que el avecilla, extenuada, se pose cerca del pequeño agujero. De pronto lanza un fuerte grito y el pájaro se escapa por ahí.
-Este animal va a pensar siempre que el grito que le di era agresivo, malvado, feo, cruel. Sin embargo es ese grito el que le ha dado la libertad... Tú me pides que te libere cuando yo sé que eres tú mismo y sólo tú quien puede liberarse. Te irás, es posible que me detestes toda tu vida. Sin embargo te he enseñado que el primer acto para llegar a ti mismo es dejar de ser dependiente... Para que lo comprendas mejor te voy a contar una historia: «Un joven como tú decide burlarse del oráculo de Delfos.
Atrapa un pajarito y lo oculta bajo su toga. Se acerca al oráculo y dice: "El pájaro que llevo oculto ¿está muerto o vivo?", con la intención de matar al ave si el oráculo le dice "Está vivo", para demostrarle que se equivoca. El oráculo le responde: "¡Basta! ¡De ti depende que el pájaro esté muerto o vivo!"».

El Yo personal -que desea unir sus cuatro egos para, dejándose guiar por el Yo superior, avanzar hacia su realización- debe enfrentarse a cuatro ideales, cada uno correspondiente a un diferente centro... Antes que nada, en su juventud, cuando su energía física está en el nivel máximo, tiene la tentación de ser un campeón. ¡El mejor de todos! ¡Competir, ganar, sobrepasar límites materiales, batir récords, triunfar!

Aunque lo consiga, con el paso del tiempo perderá fuerzas, y si se aferra por narcisismo a su gloria, hará de su cuerpo una angustiante prisión. No faltará un joven que le arrebate el cetro... Si no llega a ser campeón e insiste en llamarse «un frustrado», perderá la facultad de amarse y, por eso mismo, de amar a los otros y al mundo. Será un sembrador de amargura... La solución es pasar al nivel siguiente:

convertirse en héroe. ¡Entregar la vida a una causa, a un ideal no sólo personal sino también colectivo; sacrificarse por el bien común; imponer, aun a riesgo de ser asesinado, ideas que parecen justas; sentir el miedo natural que todo ser viviente siente ante el peligro, pero nunca ceder a la cobardía! El héroe, por orgullo personal, arriesga convertirse en un guerrero sanguinario o bien transformarse en mártir de una causa fanática. Si lo vence el temor, vivirá avergonzado, despreciándose a sí mismo, insatisfecho con todo, negativo hasta la autodestrucción... No le quedará otra vía que desarrollar la mente, convertirse en genio. ¡Sobrepasar los prejuicios sociales, vivir adelantado a su tiempo, innovar en arte, ciencia, economía, política; inventar nuevas técnicas, descubrir otras formas de pensar! Si lo logra y es aceptado por la sociedad puede, por vanidad, quedar prisionero de su autovaloración, aceptando con indulgencia ciega el menor de sus propios caprichos, permitiéndose, en algunas ocasiones, la crueldad y hasta el crimen. Si la sociedad no lo acepta, quizá pierda la razón, se amargue, se envicie, se suicide. Si no es capaz de desarrollar su talento, puede pasarse la vida simulando ser un genio, como un travestido imita ser una mujer;  o por envidia, sumido en una dolorosa mediocridad, transformar el asco hacia sí mismo en celos por cualquiera que se destaque, tratándolo de loco, degenerado, pernicioso, diabólico. Si por falta de carácter acepta ser un mediocre, se convertirá en un coleccionista infantil, sintiéndose creativo sólo porque admira con fanatismo. Si logra no caer en estas trampas, sobrepasando las tentaciones de poder, las decepciones, los obstáculos, puede con paciencia y perseverancia llegar al más alto nivel espiritual, convirtiéndose en santo. Esta cualidad es otorgada por el tiempo a quienes, gracias a una vida honesta y sana, la merecen. Todo anciano realizado es un santo.

Si para el hombre este camino es largo y difícil, para la mujer -en nuestra sociedad masculina- la tarea se hace inmensa. Si las cuatro cimas de la realización viril son el campeón (centro material), el héroe (centro libidinal), el genio (centro intelectual) y el santo (centro emocional), a las mujeres -con el beneplácito de las religiones- se las reduce a cuatro limitados roles: virgen (centro material), puta (centro libidinal), tonta (centro intelectual) y madre (centro emocional); es decir, señorita frustrada, pecadora despreciable, belleza hueca y esclava doméstica. Se cuenta que el primer Buda dijo a una monja «Espero que después de morir renazcas en un hombre, para que te puedas iluminar», y San Pablo escribió «Porque el varón... es imagen y gloria de Dios; pero la mujer es gloria del varón» (1 Corintios n, 7). En los cuentos iniciáticos -producidos casi siempre por grupos religiosos masculinos- los maestros son viejos, pero no viejas. A la mujer de edad, nuestra sociedad no le concede la posibilidad de la sabiduría y la muestra siempre como si fuese fea, bruja, madre sacrificada o adefesio lujurioso, en fin, como un monstruo. La mujer puede y debe -aceptando la vejez como un don sagrado- recorrer el camino que lleva a la hermosa santidad.


Alejandro Jodorowsky
Cabaret Místico


martes, 2 de enero de 2018

Niveles de vida (3ra parte ~ final)

(Capítulo sólo para mutantes)
¡MARAVILLOSA Semana!!!


5. Adoración


La araña-mosca, pudiendo ahora volar, asciende hacia el sol, fuente de su luz interior.  En un estado de arrobamiento entramos, hasta donde es humanamente posible, en posesión de nosotros mismos. Ha cesado la tiranía del cuerpo; ni las ideas ni los sentimientos ni los deseos ni las necesidades se contradicen entre ellos. Han cesado las transformaciones, hemos perdido el interés por afirmar nuestra superioridad, nos colma un amor apasionado por la existencia. En ese estado de éxtasis, de supremo desprendimiento, nuestra mente es por entero absorbida en el Espíritu, percibimos la energía divina en cada cosa, en cada ser, no hay separación entre interior y exterior, la creación entera brilla en toda su gloria natural. Si danzamos en este estado, lo hacemos sin angustia, sin temor a la muerte, sin considerar la carne como una cárcel sino como una creación divina. Si pintamos, lo hacemos sumergidos en la Consciencia total, adorando lo que somos, recibiendo las formas y colores como un estallido del goce universal. El artista, en estado de mediumnidad, deja hablar a su Dios interior y no crea sino que recibe. La obra recibida, que es arte sagrado, sobrepasa los límites de la persona. Hemos atravesado las tinieblas del inconsciente y llegado a su centro de luz, a la fuente de donde surge la vida que es Felicidad pura. Nuestra fortaleza espiritual, defensiva, se ha convertido en templo, abierto a la luz de la Consciencia. Sintiéndonos así, nos damos cuenta de que el mundo también es un templo. Se respeta igual un pedrusco que una catedral. Las crisis mundanas nos parecen nubes oscuras ocultando en su vientre soluciones benditas. A quienes se angustian porque son mortales, porque la vida es tan corta y darían todo lo que poseen por continuar viviendo, les decimos «Sufres por lo que más amas y ya tienes: la vida. Y porque vas a perderla (esto afirmas al menos, aunque en realidad desconoces lo que hay más allá), no estás gozando de la existencia. ¡Basta, deja a un lado el futuro y ponte a vivir ahora! Cualquier acto será perfecto si lo haces en estado de adoración. Deja de competir, de envidiar y criticar a los demás para sentirte superior. Haz de la realización y la alegría de los otros tu alegría. En la mitología de todos los pueblos, un ángel nunca está solo. Hay miriadas de ángeles cantando loas al Ser Divino. Cada ángel es diferente y sin embargo acepta participar de una colectividad en éxtasis. Aprende a negarte a colaborar en obras destructivas, acepta sólo trabajos que sean útiles para ti y los demás. Comienza a ver en cada ser tus propios valores, comunícate con la luz que emana de sus centros. Si así lo haces, los otros, comenzarán a darte tanto como tú les das. A coro, en un estado de agradecimiento constante, adoraréis ese milagro que es estar vivos y juntos».

Una historia iniciática que encontramos tanto en la tradición islámica como en la hebrea disfraza bajo el nombre de «Maestro» al Dios interior.

Un discípulo golpea la puerta del Maestro.
-¡Maestro, ábrame!
-¿Quién está ahí?
-¡Yo!
-¡No hay sitio para ti aquí!
El discípulo se va y al cabo de un tiempo regresa. -¡Maestro, ábrame!
-¿Quién está ahí?
-¡Pues yo!
-¡Vete!
Mucho tiempo después, el discípulo insiste. -¡Maestro, ábra...!
-¿Quién está ahí?
-Tú.
-Entra.

El Yo superior se abre como una flor de pétalos impersonales y conoce la adoración de la existencia. La palabra «adoración» procede del latín adorare, derivado a su vez de orare,. «orar». Orar es, principalmente, rendir culto a Dios, luego a cosas o personas santas, pero en esencia orar es «hablar con la divinidad» .

Un mahometano que agoniza, reza e implora una y otra vez: -Alá, Alá, Alá...
Su crítico estado dura toda la noche. El enfermo no cesa de repetir el nombre de su Dios.
Entonces el demonio se acerca a Alá y le dice:
-No comprendo, Majestad. Este hombre reza y ruega por vuestra presencia sin cesar, pero vos nunca vais hacia él.
-Te equivocas. Estoy en su plegaria. Su ruego es mi presencia.

En un momento determinado, cuando llegamos al centro vital, cesando de pedir y tan sólo agradeciendo, el Dios interior se hace eco de nuestras palabras y nos las devuelve, iguales pero colmadas de una energía sublime. Este nivel es alcanzado por muy pocos seres humanos porque requiere años de paciente perseverancia. La mayor parte de las familias, la sociedad y la cultura insisten en crear hábitos de vida que nos mantienen en la persistencia. Ante cualquier manifestación de desarrollo de la Consciencia, las instituciones -enraizadas en la tradición- de inmediato intentan refrenada. El buscador de la Verdad tiene la sensación de ser un pez que nada contra la corriente. Es por esto por lo que la magia, a sus tres primeras acciones «osar y poder» ), agrega una cuarta: «callar». En su Evangelio (cap. 6, 6), san Mateo dice: «Mas tú, cuando ores, entra en tu aposento, y cerrada la puerta, ora a tu Padre que está en secreto...». Si interpretamos «aposento» como «corazón», y «Padre» como «Dios interior», podemos, aunque sea por un instante, crear en nosotros este  estado de adoración.


El primer paso es «cerrar la puerta». Aislamos. Sentados o acostados inmovilizar el cuerpo, ir descontrayendo cada músculo desde los pies hasta la cabeza, vaciar la mente lo más posible de palabras (si nos resulta muy difícil, basta con repetir incesantemente una sólo, la que se prefiera, preferible si es de nuestro idioma materno) y entregamos a un agradable reposo, suspirar, dejar de lado los deseos, no pensar en ninguna persona y, respecto al dolor, la angustia o el sufrimiento, damos una especie de recreo. Podemos decirnos:  En estos momentos nada me puede pasar, no necesito nada de nadie, dejo para más tarde mis miedos y mis rencores, me presento ante mí con lo único que tengo: la convicción de estar vivo. Yo, así, desnudo, vacío, sin compararme, sin juzgarme, sin que mi personalidad aparente me haga desear el reconocimiento de los otros antes de reconocerme a mí mismo, voy a sentir los latidos de mi corazón ahora. Él no es mi enemigo, no cuenta los minutos que me quedan por vivir, no me amenaza con paralizarse y matarme, es un centro de vida, late con la fuerza de la eternidad, transmite el amor infinito, la manifestación en mi cuerpo y en mi mente de la vida universal. El corazón es mi Maestro. Me entrego a él... Mi Espíritu, limpio de palabras, es energía pura. La siento. Dejo que se disuelva lentamente en mi corazón. Los latidos se hacen más conscientes... Mi fuerza sexual, cuando no se dirige a un objeto exterior, tiene la belleza y la potencia de la virginidad. También la vierto en mi corazón... Poco a poco percibo mis huesos, mi carne, mi piel, mis vísceras. En mi percepción, mi cuerpo no es materia sino sensaciones, diferentes gamas de energía. Una por una las sumerjo en mi corazón. En él he disuelto mis
pensamientos, mis sentimientos, mis deseos. Todo mi ser está en mi corazón, es mi palacio, mi templo, me dejo sostener por él, rodearme. Soy un niño dorado encerrado en un vientre infinito. Soy una Consciencia que late con un ritmo abisal... Y conmigo late la tierra, el planeta, el sistema solar, las galaxias, el universo y la energía que lo sostiene. Me convierto en el centro vital del cosmos. Vienen a sumergirse en mis latidos los astros, las entidades invisibles, los seres vivientes, las plantas, los minerales, las moléculas, los átomos. Y el palpitar de mi corazón repite una y otra vez: YO-SOY-DE TI. y con él, la creación entera (cada átomo, cada grano de arena, cada roca, cada hoja, cada flor, cada animal, cada hombre, cada mujer) clama: YO-SOY-DE TI. Ya esa oración se agregan los que fueron, las legiones de muertos y las legiones de seres y astros que nacerán: YO-SOY-DE TI... YO-CONFÍO-EN TI.

Me entrego a tus designios con una confianza total. El universo entero confía en ti. Somos uno. No hay devorador ni devorado: es un intercambio continuo de vida. Tengo confianza porque sin ti no existiría, me estás dando lo que me pertenece. Nada te pido, te lo agradezco todo, cada latido de mi corazón resuena en la eternidad. Y mi voz y tu voz, al mismo tiempo, dicen: YO SOY DE TI. YO CONFÍO EN TI... ERES MI FELICIDAD.

En el momento en que comprendemos que ese YO SOY está en nosotros mismos, hemos llegado a la curación interior. En un momento dado, a fuerza de repetirlo, cuando decimos YO SOY, es el Dios interior quien habla. La enfermedad espiritual viene del hecho de que no dejamos de pensar YO NO SOY Vivimos como muertos, formas rígidas sin interior. Cuando decimos YO SOY lo decimos a coro con el universo entero. Ya no hacemos las cosas. Las cosas se hacen en nosotros. Dejamos de buscar porque estamos continuamente encontrando.

Cuando nos encerramos a orar, ¿por qué soledad andamos? Por la maravillosa soledad de la fiesta cósmica. YO SOY la to-talidad exterior e interior, YO SOY el acompañamiento absoluto. La soledad dolorosa es no saber estar con nosotros mismos. Y si la duda nos aqueja, pensamos: «El pozo puede secarse, el agua es inagotable. Incluso si somos ciegos, una luz infinita mora en nosotros».

-Dios, para que pueda tenerte es necesario que vengas a mí. ¿Cómo puedes hacerlo?
-Para que yo vaya a ti, es preciso que tú mismo vayas a ti.
Nicolas de Cues

6. Regresar



Como en el primer nivel, la araña espera a la mosca, pero ahora no se oculta sino que se muestra sin voracidad. La mosca, llegado su momento final, vuela directamente hacia la telaraña.


La transformación, la transmutación y la adoración han dado a la realidad un baño de felicidad. La caza se ha convertido en una danza donde la muerte continua es acompañada del nacimiento continuo. Cuando alcanzamos la impersonalidad del Yo esencial, de golpe volvemos al individuo que habitaba en un mundo persistente.



Parecemos ser otra vez un humano común con su Yo personal, sumergido en la vida cotidiana. Sin embargo, hay una gran diferencia: todo vuelve a ser igual, pero sin angustia. Aceptamos agradecidos ser lo que somos. Nada que eliminar, nada que agregar. Podemos discernir qué es auténtico y qué es falso, y con una certeza indestructible sabemos que lo engañoso, si nos negamos a darle importancia, siempre termina por esfumarse, como una pesadilla. El mal que llega, condenado tarde o temprano a derrumbarse, es la simiente del bien que vendrá. Vivimos, a pesar de los golpes de la vida, en un estado de alegría perpetua. Hemos aprendido a amar el instante sabiendo que, en ese vórtice del torbellino del tiempo, los incontables contrarios paraíso e infierno, antes y después, Dios y Diablo, bien y mal, bello y feo danzan bañados en el éxtasis de la unidad. Todo cuanto hacíamos antes en la sombra lo hacemos ahora a la luz de la verdad. El competir se ha detenido. Somos capaces de reflejar al otro, su realización es la nuestra, su talento nos engrandece, su satisfacción nos colma de agrado. Los pequeños valores humanos nos parecen tan valiosos como joyas. No tenemos necesidad de exhibir diplomas ni premios, ni collares, ni medallas, ni insignias, ni fotografías de homenajes. Entre el desorden del mundo, hacemos de la simpleza nuestro amparo y de la sencillez nuestra finalidad.



-Maestro, ¿qué es el zen?
-Es la vida cotidiana.
-¿Cuál es su filosofía?
-Cuando como, como. Cuando duermo, duermo.

Para los cabalistas, la palabras hebreas Tohu va vohu ( «caos» ) significan «el huevo del orden».

La Tierra Santa es invadida por Roma. Se exige a ese pequeño territorio que envíe un regalo al emperador. Los habitantes, temerosos de represalias, entregan monedas de oro hasta llenar un respetable cofre. En seguida buscan un mensajero honrado y valiente, capaz de llevar ese tesoro al tirano. Eligen al hombre más sabio del país, un anciano que cree firmemente que todo lo que sucede, por venir de la voluntad de Dios, es para bien. Tiene un joven discípulo que lo sigue por todas partes y que no cesa de dudar. Ambos se embarcan, rumbo a Roma. De pronto estalla una terrible tempestad. El capitán dice a sus pasajeros:
-Vamos a naufragar. Preparaos para morir.
El discípulo exclama:
-¡Es imposible: en este barco viaja un hombre santo! ¡Dios no, puede ahogarlo porque le ha encomendado una misión sagrada!
Los pasajeros le piden que vaya a buscar a su maestro. El discípulo baja a los camarotes y encuentra al viejo leyendo su Biblia, tranquilamente. Éste le pregunta sonriendo:
-¿Por qué tienes tanto miedo?
-Pero Maestro... estamos en medio de un huracán.
-No te preocupes, muchacho. Todo es para bien.
-De acuerdo... De acuerdo... Pero venga a rezar con nosotros, los pobres marinos y pasajeros lo necesitan.
-De acuerdo, iré...
El sabio sube al puente, alza las manos hacia el cielo y exclama: -¡Dios nuestro, cúmplase tu voluntad!
Inmediatamente, la tempestad se calma. Un pasajero se acerca al anciano.
-Gracias por habernos salvado la vida. Soy primo del emperador. Si tuviesen necesidad de mí cuando estén en Roma, no duden en llamarme.
A pesar de que el mar ha vuelto a estar calmo, el sabio padece un fuerte mareo. Al llegar al puerto, sus molestias continúan. El discípulo se inquieta. Pero el anciano le responde:
-No te preocupes. Todo es para bien.
Van a una posada. Dejando el cofre en la bodega, el sabio, enfermo, se dispone a dormir. El joven, para acompañar a su maestro, hace lo mismo.
El posadero y su mujer entran en la bodega y abren el cofre. Al ver las monedas de oro, se apoderan de ellas y colocan en su lugar tierra que extraen del jardín.
Al día siguiente, el sabio se siente mejor. Decide llevar el tesoro al emperador. Va con el discípulo a la bodega. Cuando levantan el cofre, el muchacho exclama:
-¡No tiene el mismo peso! ¡Tenemos que abrirlo, Maestro!
-De acuerdo.
Abren el cofre y descubren que está lleno de tierra. El discípulo se angustia. Con toda calma, el sabio le dice:
-Son los propietarios de la posada quienes han robado el oro, pero van a negarlo. Nunca sabremos dónde lo escondieron. Si Dios quiere que sea así, así será. Como somos extranjeros no creerán que perdimos un tesoro. Llevémosle entonces este cofre lleno de tierra como ofrenda al emperador. No te preocupes. Todo es para bien.
El emperador los recibe amablemente. Seducido por la belleza del cofre, lo abre y descubre, estupefacto, su contenido. Se encoleriza.
-¿Cómo? ¡Sólo me traéis tierra como ofrenda? ¡Infames! ¡Esta noche dormiréis en la cárcel! ¡Mañana, al alba, os cortarán la cabeza!
Se los llevan presos. Mientras el discípulo se lamenta, el sabio le dice, como de costumbre:
-No te lamentes. Si Dios lo quiere así, así será. Todo es para bien.
Mientras están en la cárcel, el primo del emperador visita a éste y le dice:
-Primo mío, no cometas un error. Conozco a ese anciano. Hemos viajado juntos en el mismo barco. Es un gran mago. Con una sola plegaria hizo que el furioso océano se calmara. Me salvó la vida.
No lo decapites. Espera. ¡Quizá esta tierra que trae de su país tenga poder!
El emperador le responde:
-Precisamente hay un enorme ejército de bárbaros atacando los muros de la ciudad. No tenemos bastantes soldados como para rechazarlos. Mañana, quizá, estemos todos muertos. Vamos a utilizar esta tierra contra ellos. Veremos qué sucede.
Se abren las puertas de la ciudad. Sale un cortejo acompañando al emperador. No llevan armas. Avanzan hacia los bárbaros... Éstos, curiosos por saber por qué el emperador osa mostrarse sin ninguna defensa, permiten que se acerque. Ven entonces al soberano abrir un cofre, tomar puñados de tierra y lanzados hacia ellos. Los feroces guerreros, aterrorizados por ese polvo misterioso, escapan en tremendo desorden.
El emperador regresa a su palacio, cargando el cofre.
-¡Es una tierra asombrosa! ¡Sembró el pánico entre los bárbaros!
¡Esos dos extranjeros, en verdad, son magos! ¡Traédmelos!
Cuando el sabio y su discípulo llegan ante él, los cubre de joyas y les devuelve la libertad.
Mientras van en el barco, de regreso a su país, el sabio dice: -¿Viste? Todo fue para bien.
El discípulo refunfuña, sintiéndose culpable:
-No fue todo para bien. Nos convertimos en estafadores. El emperador nos dio joyas, pero nosotros no le dimos a cambio nada de valor. Sólo un poco de tierra.
-Dios sabe lo que hace. No va a ser una estafa. Ya lo verás...
Tiempo después se enteran de que el posadero y su mujer, habiendo oído que la tierra de su jardín hacía milagros, habían ido a ver al emperador cargados con un saco lleno.
-Majestad, nuestro jardín contiene toneladas de esa tierra mágica. Se la venderemos a buen precio. Aquella que le ofrecieron en el cofre, nosotros la pusimos a cambio de estas monedas de oro.
Vea...
Y vaciaron el tesoro ante los pies del soberano. Al ver esto, el emperador exclamó, iracundo:
-¡Ladrones! ¡Cortadles de inmediato la cabeza!

Esta historia procede de la tradición hebrea. Y el mismo tema lo trata la islámica de esta forma:

De pronto, en una pequeña aldea, mueren todas las gallinas. Los habitantes van a ver al sabio del poblado y le piden su opinión. Responde:
-En cierta manera, eso es bueno.
-¿Cómo? ¿Es bueno que se mueran nuestras gallinas?
-Es bueno, eso es todo lo que os puedo decir.
Algunas horas más tarde, los perros caen al suelo, paralizados.
Los aldeanos vuelven a ver al sabio.
-¿Es bueno que los perros parezcan de piedra? 
-Sí, es bueno.
Los habitantes regresan a sus hogares dudando cada vez más de la claridad mental del viejo. Al anochecer, cuando están preparando la comida, los fuegos de las cocinas se apagan. Corren a ver al sabio.
-Si todos los fuegos se apagan, no nos digas que es bueno. ¡Es una maldición!
-Insisto, es bueno.
-¡Viejo loco, has perdido la cabeza! ¡Ya no te respetamos!
En ese momento se escucha el ruido atronador de un tropel de caballos. Una banda de asesinos pasa por ahí. Se detienen en el centro de la aldea. Su jefe observa:
-No hay una sola gallina, ningún perro, no sale humo de las chimeneas. Esta aldea no está habitada. Vámonos.
Y es así como los aldeanos se salvan de ser masacrados.

Alejandro Jodorowsky
Cabaret Místico