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"Te advierto, quien quieras que fueres, ¡Oh! Tú que deseas sondear los arcanos de la naturaleza, que si no hallas dentro de ti mismo aquello que buscas, tampoco podrás hallarlo fuera. Si tú ignoras las excelencias de tu propia casa, ¿cómo pretendes encontrar otras excelencias? En ti se halla oculto el Tesoro de los Tesoros ¡Oh! Hombre, conócete a ti mismo y conocerás el universo y a los Dioses." ORACULO DE DELFOS

jueves, 14 de junio de 2012

Una vida plena hasta la vejez (Parte I)


La persona entra en años; sin embargo, el ser viejo es el acuñamiento de un rasgo de carácter nacido de una forma errónea de pensar y de actuar. 

Aceptar la edad significa: no volverse viejo. El volverse viejo comienza con el quejarse mucho de lo penosa que es la vida terrenal. 

Ser joven no es sólo una etapa en el ciclo de vida de una persona, sino que es una postura interna que no está sujeta ni a un tiempo ni a una edad determinados. Que la persona sea joven o mayor en años, no es lo decisivo; depende de qué es lo que hace la persona con su vida. Eso es lo que cuenta y lo que revela cuán joven es ella anímicamente. 

El desarrollo de la vida terrenal depende de los pensamientos de la persona. Pues, tal como la persona piensa, así será a más tardar en la vejez.

Quien sólo gira en torno a sí mismo, es viejo, no importa cuántos años cuente su vida terrenal. 

Quien en la juventud y en la mitad de la vida reflexiona conscientemente sobre valores más elevados en la vida, aspirando también a ellos, en la vejez seguirá siendo dinámico y juvenil. 

Un consejo a los jóvenes: ¡No os dejéis llevar! 


Quien desee permanecer espiritualmente despierto y activo hasta en la edad avanzada, no debe dejar de aprender, y sobre todo, no tiene que perder de vista la meta de vida que uno se ha propuesto, porque lo que vale es: ¡Adelante, siempre adelante! Así, la meta a la que uno aspira va tomando cada día más forma.

El paso interno decisivo para el desarrollo de nuestra vida terrenal, sea en la juventud, en la mitad de la vida o en la vejez, es el reconocimiento de que toda la vida terrenal es un aprendi-zaje. Quien deja de aprender, no puede madurar espiritualmente. 

La vida es para el ser humano y para el alma una constante evolución. Un aprender que desem-boque en una nueva y más alta forma de pensar y de obrar, de más alcance, mantiene vivo al espíritu y joven al cuerpo. 



La persona, sea joven o vieja, debería luchar por hacerse consciente de que la vida terrenal sólo es la fase previa hacia una vida más elevada, y que el fallecer sólo es el paso a otra forma de existencia, que a su vez significa vida. El beneficio vital, del que hablan jóvenes y viejos, no reside en las múltiples distracciones de los sentidos, sino en las metas y en los pasos hacia una vida con una ética y moral más elevadas.

Aprender significa obtener claridad en sí mismo en la orientación hacia una meta de vida más elevada, y cumplir luego aquello que uno ha reconocido. Esto aporta seguridad interna, libertad interna, y la fuerza para seguir avanzando. 

Vivir conscientemente significa aprender conscientemente a afirmar cada etapa de la vida y sacarle provecho espiritual. Pues la calidad de vida más elevada, que se puede seguir desarro-llando y ampliando cuando uno va entrando en años, no sólo depende de los años, sino de la postura espiritual de la persona. Quien haya dejado de trabajar en sí mismo, tampoco desarro-llará valores éticos y morales, y tampoco dará buenos frutos para aportarlos a la sociedad. 

Sólo la vida verdadera, vivida, tiene significado, no así el placer por la vida terrenal.

También la edad madura nos ofrece muchas, muchas posibilidades, sobre todo cuando se va retirando el apremiante afán de subir hacia lo alto en el terreno profesional. Cuando el afán de querer y desear discurre por cauces más tranquilos y la edad exige una mayor tranquilidad de ánimo, más de uno puede descubrir sus aptitudes y disposiciones hasta entonces latentes y desarrollar sus talentos ocultos, para, si lo desea, ponerlos a disposición de sus semejantes. 

Vida es Dios. La vida verdadera, vivida, nos resguarda en la vejez de debilidades, de la soledad y del ser viejos. 

¡Quitémonos de encima lo viejo! Ahora vale: ¡Adelante, hacia nuevos horizontes! Lo que significa: ¡Demos nueva forma a nuestra vida! 

Si conseguimos considerar este cambio en nuestra existencia como una oportunidad para cambiar de perspectiva, seguro que pronto se nos ocurrirán posibilidades de dar a nuestra vida un sentido nuevo y bueno. Buenos propósitos durante mucho tiempo albergados y cuya realiza-ción se veía obstaculizada por las circunstancias, tal vez pueden ser realizados ahora. Si nos lo proponemos seriamente, pronto emergerá esperanza y la confianza en que más de una cosa cambiará para mejor. 

Nosotros mismos tenemos en las manos las riendas de nuestra vida y de nuestro destino. ¡Aprovechemos la nueva oportunidad! Merece la pena, no sólo para el aquí y el ahora, no sólo para esta vida terrenal. Muchas cosas pueden aún cambiar –entre otras cosas también podemos cambiar nosotros mismos. Así usted experimentará cuánta alegría y felicidad produce el contri-buir desinteresadamente a la alegría de otras personas.

El contenerse y ser discreto y estar desinteresadamente a favor y por otras personas es una virtud que podría practicarse y perfeccionarse especialmente en la edad avanzada. Tan pronto como la persona de edad lo haya reconocido, esto se convertirá en su postura básica, y así tendrá en sus manos la llave de una vida plena –también en la edad avanzada. Y la vida le «recom-pensará» a su manera: como hemos dicho, adquirirá mucha, mucha vida. Pues el seguir siendo útil a los demás en la edad madura es un ejercicio que da riqueza interna, especialmente a las personas de edad. 

Aspiremos a permanecer espiritualmente flexibles. Esto es posible por medio de un aprender consciente, pues cada día nos pone ante nuevas tareas. Quien diga un sí a ellas a partir de la fi-delidad interna hacia la vida, también las superará. Pues Dios es en todo la ayuda, el consejo, la respuesta, la solución, y Él ciertamente sabe conducir a Sus hijos humanos.

El reconocimiento temprano de que sólo somos huéspedes en la Tierra no se contentará con las costumbres antiguas y despreocupadas que se apoderan de muchas personas. Quien sea consciente de ello, siempre tendrá la mirada dirigida hacia el interior, al fondo del alma, donde vive Dios, teniendo la certeza de que Dios es amor, belleza, pureza, justicia; Él es la vida eterna. A partir de esta certeza, la sabiduría, la persona que tenga en cuenta la regla de oro para la vida obtendrá su beneficio para la vida: lo que no quieres que te hagan a ti no se lo hagas tampoco tú a nadie. Dios está siempre dispuesto a atendernos, a cada uno de nosotros, pues somos Sus hijos. 

Quien llena su vida terrenal con las reglas para la vida de Jesús, el Cristo, puede decir: la vida es imperecedera. En Cristo soy vida eterna. 

En realidad ninguna persona está sola. Dios, el Espíritu de nuestro Padre eterno, está en noso-tros.

Quien es consciente de esto, no es pusilánime; no se entrega a las debilidades de lo humano inferior. Desde la consciencia de la fuerza eterna, del amor y de la sabiduría, exigirá de sí lo más elevado. Esto le capacitará para servir a sus semejantes y a Dios y para llevar a cabo las obras del amor a Dios y al prójimo. La fuerza, el amor y la sabiduría de Dios le asistirán en todas las situaciones de la vida. 

Una persona que se atiene a la regla de oro para la vida, tiene en sus manos las llaves de la verdadera vida. 

La inmundicia que se ha amontonado como un obstáculo en el camino de nuestra vida, será eli-minada con el arrepentimiento, la purificación, y el no volver a hacer lo mismo, de manera que el Espíritu eterno, que es el amor, nos puede asistir y conducir.

¡Pidamos ayuda a Cristo! Él, que ama a cada uno de nosotros y que con tanto agrado quiere ayu-dar a cada cual, apoyará con toda seguridad nuestros movimientos positivos, así como quiere Dios, y animará las finas sensaciones de nuestra elevada imagen de existencia interna. Sin em-bargo, la decisión de dar el paso y el cambiar lo necesario, reside y está en manos de cada uno, en la persona misma. Cristo nunca intervendrá en nuestro libre albedrío, que es un componente esencial de nuestra herencia eterna. 

Hagámonos conscientes de lo siguiente: El miedo a cualquier enfermedad es el camino a la enfermedad. Por eso deberíamos acostumbrarnos a llenar nuestro corazón con la confianza en Dios, el Eterno, y a liberarnos de miedo, de envidia y de pensamientos de odio. 

¡Ten valor! Dirígete diariamente –si es posible, varias veces al día–, al infinito Espíritu del amor y de la misericordia en ti. Él conoce tus asuntos. Él conoce tus puntos débiles y los fuertes. Reza y confíate a Él. El eco que llega desde el fondo de tu alma es libertad, alegría, pureza y nobleza de sentimientos. Esa es la repuesta de Dios. El miedo que teníamos hasta ese momento ante lo ve-nidero, a la soledad, a dificultades y problemas, se convierte en acogimiento, que a su vez fluye desde lo más interno, del Eterno, que tiene en Sus manos tu vida; es el Padre de la eternidad. 

http://www.universelles-leben.org/cms/es/quienes-somos/el-mensaje-de-la-verdad/una-vida-plena-hasta-en-la-vejez.html

El Misterio de la Relación (parte II)

He oido la historia de un viejo monje zen.  Estaba en su lecho de muerte. Había llegado su último día, y declaró que esa noche dejaría de existir.  Entonces, los seguidores, los discípulos, los amigos comenzaron a llegar.  Se reunía gente de lugares lejanos y remotos.
Uno de sus viejos discípulos, al oír que el maestro iba a morir, corrió al mercado.  Alguien preguntó:
 _ El maestro está muriendo en su cabaña, ¿por qué corres al mercado?
El viejo discípulo dijo:
_ Se que a mi maestro le encanta cierto tipo de tortas; así que se la voy a comprar.
Fue difícil encontrar esa torta, porque ya no estaba de moda, pero a la noche, de alguna manera, la había conseguido.  Llegó corriendo con la torta.  Y todos estaban preocupados; el maestro parecía estar esperando a alguien.  Abría los ojos, miraba y volvía a cerrarlos. Y, cuando llegó el discípulo, dijo:
_ Bien, has llegado.  ¿Dónde está la torta?
El discípulo sacó la torta, y se puso muy contento cuando el maestro preguntó por ella.  Agonizando, el maestro tomó la torta en la mano, pero su mano no temblaba.  Estaba muy viejo, pero la mano no le temblaba.
Entonces, alguien pregunto:
_ Estás muy viejo y está a punto de morir.  Estás por exhalar tu último aliento, pero ¿no te tiembla la mano...?
El maestro respondió:
_ Nunca tiemblo porque no tengo miedo.  Mi cuerpo se volvió viejo, pero yo aún soy joven, y seguiré siéndolo aun cuando el cuerpo ya no esté.
Entonce, dio un mordisco y comenzó a masticar la torta.  Y entonces alguien inquirió:
_¿Cuál es tu mensaje, maestro? Nos dejarás pronto. ¿Qué quieres que recordemos?
El maestro sonrió y dijo:
_ ¡Ah! Esta torta es deliciosa.
Este es un hombre que vive en el aquí y el ahora.  El momento siguiente carece de significación.  En este momento, la torta está deliciosa.
Si puedes estar en este momento, en este presente, con plenitud, sólo entonces podrás amar.  El amor es un florecimiento extraño.  Sólo sucede de vez en cuando.  Millones y millones de personas viven con la falsa actitud de ser amantes. Creen que aman, pero se trata solo de su creencia.
El amor es un florecimiento raro.  A veces, sucede. Es raro porque sólo puede producirse cuan no hay temor;  nunca antes.  Esto quiere decir que el amor puede ocurrirle sólo a alguien profundamente espiritual, a alguien religioso.  El sexo es posible para todos; el conocimiento es posible para todos. Pero no el amor.
Cuando no tienes miedo, no hay nada que ocultar.  Entonces puedes estar abierto, puedes retirar todas las fronteras y puedes invitar al otro a entrar hasta tu centro mismo.  Y recuerda:  si permites que alguien penetre en ti tan profundamente, el otro te dejará penetrar en él o en ella pues, cuando le abres la puerta a alguien se genera confianza.  Cuando no tienes miedo el otro pierde los temores.
En tu amor siempre hay miedo.  El marido teme a la esposa, y la esposa le teme al marido.  Los amantes siempre están temerosos.  Entonces, no se trata del amor, es sólo un acuerdo entre dos personas temerosas que dependen una de la otra, peleando, explotando, manejando, controlando, dominando, poseyendo.  Pero no es el amor.
El amor es difícil.  Es necesario deshacerse del miedo.  Y esto es lo extraño; que estas asustado y no tienes nada que perder.
Kabir dijo en alguna parte:  "Analizo a la gente.  Están muy asustados, pero no llego a entender por que, dado que no tienen nada que perder"
Dice Kabir: "Son como alguien que está desnudo, pero que nunca toma un baño en el río, porque le da miedo; ¿dónde secará su ropa?  Esta es la situación en la que te encuentras: estás desnudo, sin ropa, pero siempre te preocupas por la ropa."
¿Qué tienes para perder?  Nada,  Este cuerpo te será arrebatado por la muerte.  Antes de que la muerte te lo quite brinda al amor.  Todo lo que tengas te será quitado por la muerte.  Antes de que te lo saquen, ¿por qué no compartirlo?  Es la única manera de poseerlo.  Si eres capaz de compartir y de dar, eres el maestro. Te lo van a quitar.  No hay nada que puedas retener para siempre.  La muerte lo destruirá todo.
Entonces, si me sigues bien, la lucha es entre la muerte y el amor.  Si puedes dar, no habrá muerte.  Antes de que puedan quitarte algo, ya lo has brindado, habrás hecho un regalo.
No puede haber muerte.  Para un amante, no hay muerte.
Para alguien que no es amante, cada momento es muerte, porque en todo momento algo le es arrebatado.  El cuerpo va desapareciendo, y él pierde en cada instante.  y luego llegará la muerte y todo será aniquilado.
¿Qué es el temor? ¿Por qué estás tan asustado?  Aunque todo se sepa de ti y seas como un libro abierto, ¿por qué temer? ¿Cómo puedes hacerte mal?  Sólo falsas concepciones, sólo condicionamientos sociales: que tienes que cosas, que tienes que protegerte, que tienes que tener una actitud constantemente hostil, que todos son enemigos, que todo el mundo está en contra de ti.
¡Nadie está en contra de ti! Aun cuando sientas que alguien está en contra de ti, tampoco lo está, pues todas las personas se preocupan por si mismas, no por tí.  No hay nada que temer.  Tienes que descubrir esto antes de que pueda aparecer una relación auténtica.  No hay nada que temer.
Medita acerca de ello.  Y, después, permite que el otro entre en ti, invítalo.  No crees barreras e ninguna parte; vuélvete un pasadizo siempre abierto, sin cerraduras, sin puertas, sin puertas cerradas.  Así, el amor se hace posible.
OSHO

martes, 12 de junio de 2012

Los tres Seres del Ser Humano

Aumakua, Uhane y Unihipili
La Ciencia Huna enseña que el Ser humano está formado por tres “Seres”, “Yoes” o “mentes”. Para nuestra cultura estos serían: mente consciente, mente subconsciente, y el supraconsciente.


1. Para los kahuna: la mente conciente la llaman UHANE, “yo-medio” o mente consciente. Esta parte está consciente de su propia existencia y tiene la habilidad de razonar. Tiene además la particularidad del libre albedrío (libre voluntad) para obrar según le plazca, junto al yo subconsciente.



2. La mente subconsciente es llamada por los kahuna: UNIHIPILI, “yo bajo” o mente subconsciente. Esa es la parte del ser que exterioriza la materia inconsciente y la presenta a la mente consciente para que ésta razone o decida a favor o en contra de ésta. Este Uhane es el almacén de memoria o todos los recuerdos y de las emociones. Cuando los Kahuna se refieren a este “yo” como “bajo” lo hacen para marcar su ubicación física y de ningún modo para denigrar o descalificar, en este caso el yo bajo se encuentra localizado en el plexo solar y casi nunca en la cabeza.



3. El tercero, es el "Yo superior" o supraconsciente, llamado por ellos AUMAKUA. Ese es el más antiguo y totalmente confiable “yo” que posee naturaleza espiritual; éste vive en los planos superiores de la conciencia y fuera del cuerpo físico. Nunca interviene en asuntos terrenales a menos que se solicite que así lo haga. Se entiende que el Yo Superior se adhiere bajo la ley cósmica, de no intervención.



Se dice que el AUMAKUA tiene una misión más sutil y elevada que los Yo medio e inferior. Es la parte que sueña, tiene intuiciones y premoniciones, y las manifiesta a través del Yo subconsciente. La creencia enseñada por los kahuna es que el Yo superior es el que construye el futuro hilando a través de los pensamientos, esperanzas y miedos producidos por el Yo medio e inferior.



El Yo superior es capaz, según dicen, de prever el futuro tan lejos como sus pensamientos ser logren cristalizar. Pero como los pensamientos en el Yo medio e inferior de cada persona cambian a diario, del mismo modo el futuro cambia a diario también. Es por lo que los kahuna enseñan que la comunicación con el Yo superior ocurre con la mayor naturalidad a la hora del sueño, cuando dormimos. Es en esos instantes de contacto divino que los pensamientos del día son canalizados y utilizados, a través de algún mecanismo misterioso, y puestos en marcha para crear las condiciones de su materialización en el futuro.



La ciencia Huna enseña que cada “YO” tiene su propia función y el tipo de vida, la felicidad y la salud de cada persona tiene que ver con la integración, mezcla y armonización entre estos tres yo.



Luego también aseguran que el ser humano se halla constituido por diez elementos básicos.



Para entender esto habrá que estar claros en el concepto de la tríada primordiales de esta enseñanza que es Mente, Fuerza y Materia. La mente ya la detallamos (Uhane, Unihipili y Aumakua), y se dice que la fuerza o energía vital y básica de un cuerpo humano se encuentra dividida en tres voltajes. El voltaje más bajo es el del yo inferior. Pero cuando el Yo medio se sirve de esa misma energía, ésta sube de voltaje. Algo similar sucede cuando la misma energía que pasó por el yo medio sube al Yo superior entonces necesariamente se eleva de voltaje. En resumidas cuentas tenemos que la misma y básica “energía vital” de cada persona cambia conforme a cuál de los YO se halle usándola y cada uno se sirve de un voltaje diferente.



El último elemento de esta tríada es la materia. Huna enseña que cada YO tiene su cuerpo doble, copia o copia etérica. Estos cuerpos duplicados son copias fehacientes de todo lo que existe en el mundo físico y material. Son moldes energéticos sobre los cuales se construye la materia y se dice que todo lo que alguna vez haya sido creado ha tenido y tendrá ese cuerpo.



El doble del yo inferior es el molde sobre el cual se creado la materia y es exactamente idéntico al que podamos ver visualmente. También dicen que es en ese cuerpo doble del yo inferior donde se archivan todos los recuerdos y memorias de la vida de ese cuerpo. En cuanto al yo medio, su doble cuerpo energético se encuentra localizado en la cabeza, donde ubicamos nuestra cabeza físicamente. Ambos Seres, medio e inferior, se interconectan por hallarse penetrados en el cuerpo físico.



El Ser superior también tiene su doble, pero la diferencia es que no se halla penetrado en el cuerpo físico, únicamente se encuentra conectado a la persona a través de un cordón con la zona del Ser inferior. A este cordón también se le conoce como el cordón de plata.



Con ello concluimos los 9 elementos: 3 mentes, 3 voltajes del mismo tipo de energía y 3 materias o cuerpos. El décimo es el cuerpo físico, donde se encuentra amalgamados los 9 elementos anteriores de la persona que transporta y sirve de vehículo para la totalidad del Ser.



La ciencia Huna recalca las cualidades del Aumakua o Ser Superior que son: compasión, paciencia, amor, perdón... Es finalmente el ideal que el Ser medio o Uhane aspira alcanzar, un paso más allá de las habilidades del poder mental y creatividad. Además, el Aumakua es considerado de alguna manera una combinación de comunidad de espíritus porque la perfección de cada uno vibra al unísono con el Ser superior de todos los espíritus. La perfección es una y todos vibran en la misma dirección, por tanto pareciera que todos fueran uno y separados a la vez.



Los cuerpos dobles de los tres seres se encuentras formados por una sustancia llamada “Aka”. Aka tiene una cualidad húmeda y elástica que puede estirarse ilimitadamente sin romperse. Además esta sustancia es el mejor contenedor y conductor de la fuerza vital o energía básica y según los kahuna, el doble del ser inferior es capaz de cambiar la forma temporalmente o permanentemente en hilos para conectarse entre los seres medio y superior. Si la persona ha desarrollado una armoniosa relación entre el yo inferior y superior entonces seguramente ha logrado desarrollar esos hilos o un cordón que comunica a ambos. Es a través de ese cordón aka que viajan la fuerza vital y la formas de pensamiento.



Para entender mejor esto, digamos que cada vez que usu Uhane –usted-, contacta con sus otros seres, o piensa en alguna cosa o alguna persona, usted está enviando un cordón aka. Digamos que usted contacta con alguna persona, en ese mismo momento se crea un hilo largo que conecta a ambos.



Si el caso es que vuelve a contactar a esa persona vuelve a salir otro hilo entre ambos y futuros contactos hacen un cordón cada vez más fuerte. Es por ello que personas muy allegadas exhibirían cordones aka muy fuertes.



Los kahuna explican que la comunicación telepática tiene que ver con el cordón aka, a través del cual viajan la fuerza vital y las forma- pensamientos. Esta comunicación telepática de intercambio de energía vital y pensamientos puede ocurrir entre: los tres seres del ser humano y también entre dos personas que tengan una conexión poderosa entre sí por el cordón aka.



Cada pensamiento que se cree en nuestra mente tiene también su cuerpo doble o etérico a su alrededor. Al ser creado un pensamiento éste es atrapado por un hilo aka y unido al pensamiento que vino antes de éste. A esto se aplica el concepto de “asociación de ideas” en nuestros tiempos modernos. Por lo que podemos concluir, según los kahuna: un pensamiento dado atrae hilos de todos los pensamientos similares.



Otro aspecto importante es el concepto del “maná” o fuerza vital. El maná para ellos es la energía básica que se encuentra en todas las cosas. Los kahuna enseñan que el mana es obtenido por el Unihipili desde la comida y el aire, y almacenado en el doble-etéreo del cuerpo del ser inferior. Esa fuerza vital conservada en el ser inferior o Unihipili puede ser utilizada para todo aquello que desee el ser medio o Uhane. Cuando el ser medio, -consciente o Uhane- utiliza esta energía el maná se eleva desde el cuerpo doble del yo inferior hasta la cabeza física –región del yo medio, y durante el trayecto hacia arriba esta energía cambia de algún modo delicado. Esta elevación de la energía la conocemos como la “voluntad”. Cuando el yo medio no ejerce su “fuerza de voluntad” como debería, el yo inferior actúa de un modo errante, de una actividad a otra, sin poder ejecutar efectiva y correctamente sus actos o ideas.



El Unihipili se comporta como un niño. Necesita ser querido y amado, pero también ser tratado firme y disciplinadamente. Si un niño real no es disciplinado correctamente se desboca en su conducta. Lo mismo ocurre con el ser inferior; es por ello que es indispensable utilizar el maná y elevarlo como fuerza de voluntad. El Ser medio o Uhane es en este caso la parte razonante que actúa como el padre que guía al ser inferior, del mismo modo como lo es el Ser superior para el ser medio. Los tres yo son una armoniosa graduación de la “conciencia”.



Los kahuna creen que Dios es una tríada, del mismo modo que los humanos somos tríadas. Así como Dios es Trino, el Ser Humano es TriUno. Ellos aseguran que Dios es la trinidad de niveles espirituales, a los cuales llaman Ku, Kane y Kanaloa. Del modo similar como otras religiones tienen la misma certeza, tal el caso de los Cristianos: Padre, Hijo y Espíritu Santo; o como los Indúes: Brahma, Vischnu y Shiva. Los kahuna aseguran que el proceso de la evolución tiene que ver con moverse a través de estos niveles de conciencia de regreso al creador Uno o Ku.



Rezar u orar al Ser superior es similar al proceso que se realiza entre el yo inferior y el medio. Una vez que el Ser medio, o Uhane elevó la fuerza vital desde el cuerpo etérico del ser inferior para ser usado como fuerza de voluntad, éste puede hacer lo que quiera con ella. Por ejemplo puede usarlo para hacer ejercicios, controlar al ser inferior, o rezar, pensar o cantar o lo que desee. Pero el proceso de rezar al ser superior o Aumakua involucra elevar la fuerza vital -energía o maná- hacia arriba desde el ser medio hacia el próximo voltaje.


lunes, 4 de junio de 2012

Usted no está solo.

En cada hombre se encuentra el Espíritu de Dios, 
la fuente de fuerza de la luz y de la salvación. 
A Dios en nosotros Le es posible todo, 
siempre que nosotros nos abramos 
a la fuente de la fuerza, 
DIOS.


DIOS es amor incambiable, fuerza, armonía y sanación: No importa cómo estén las cosas en este mundo y cómo nos comportemos nosotros los hombres ante el campo de fuerza DIOS – Dios es eternamente el mismo. En base a nuestro libre albedrío, cada uno de nosotros determina si incrementa o disminuye en sí la eterna fuerza de vida y sanación y deja que sea activa, o si él se aparta de DIOS.

Cuanto más a menudo nos abramos para el fluir del gran amor, de la fuerza de Dios, tanto más se reducirán la debilidades, los sufrimientos, las enfermedades.

El que sólo se ocupa de sí mismo, de sus miedos, sus preocupaciones, penas, enfermedades y cosas similares, pocas veces se hará consciente de cuán grande es la fuerza que se encuentra en él, una fuerza que le dice a cada momento a través de la consciencia: cambia y reconoce que tú eres un habitante del Reino de Dios, que debería vivir las leyes de la sanación, para así ser feliz y sano o para sanar.

El pensar positivamente es un pensar consciente en Dios de acuerdo con los Diez Mandamientos de Dios y el Sermón de la Montaña de Jesús. De ello resulta la activación de la fe y una vida di-námica en la fe, que es la orientación a la gran y poderosa fuente de fuerza, DIOS, en nosotros.

Nosotros los seres humanos somos responsables de nuestro comportamiento, pues somos hijos libres de un Padre eterno.

La fuente eterna de salvación, Dios, es amor y armonía infinitos. La fuerza de salvación del amor y la armonía sólo podemos hacer que fluya cuando cambiamos nuestros contenidos de vida, nuestro mundo personal, que está compuesto de nuestras formas de comportamiento, esto es, dándoles una orientación positiva y estableciendo y manteniendo la paz con nuestro prójimo.

Lo bueno es Dios, y Dios es la vida, el campo de fuerza que puede restablecer el orden en nues-tro cuerpo, de forma que las ondas de sanación, las fuerzas de vida inunden al alma y consigan sanar al cuerpo.

Nos deberíamos hacer conscientes de que lo negativo nos pone enfermos y que lo positivo sana.

La salud es algo que Dios quiere. La enfermedad es el resultado de una forma errónea de pensar y de comportarse. Por lo tanto, la enfermedad es la interrupción de la comunicación entre el campo de energía divino en el alma y en cada célula del hombre.

Cada actitud negativa debilita. Paraliza de forma progresiva nuestras funciones corporales y con el tiempo hace que enfermemos. Un pensar positivo y lleno de luz despierta fuerzas y contribu-ye a que permanezcamos sanos o nos volvamos sanos.

No existe ninguna enfermedad que no provenga del alma. Lo que viene del exterior a la larga no puede arraigarse si no se encuentra en el alma algo correspondiente que lo active, y que en-tonces se arraiga en el cuerpo en forma de malestar, sufrimiento, enfermedad y muchas cosas más.

La superación de estos obstáculos tiene lugar únicamente cuando nos hacemos conscientes de la enseñanza de Jesús, que dice: Reconoce tus comportamientos erróneos, arrepiéntete de ellos y purifícalos, y no hagas más cosas similares o parecidas. Jesús expresó también la disolución de las culpa de otra forma, cuando dijo: Tu fe te ha ayudado; ve y a partir de ahora no peques más. Con ello Él se refería a la fe activa: deberíamos colaborar en este proceso reconociendo nuestros comportamientos erróneos, arrepintiéndonos de ellos y no haciéndolos más. Pues no han sido ni son otros los que nos han transmitido una culpa, sino que lo somos nosotros mismos. Y depende de nuestra propia decisión el que nos separemos de nuevo de esas cargas.

Jesús nos enseñó el amor a los enemigos: Ama a tus enemigos; haz el bien a los que te odian. El que ha captado en profundidad esta frase de Jesús, comprenderá también por qué este mundo está así como está; comprenderá que la enfermedad, el sufrimiento, las plagas, catástrofes ambientales, guerras y muchas cosas más, no pueden venir de Dios, ni tampoco son cosas arbitrarias, sino que provienen únicamente de los hombres. Una sanación completa sólo puede tener lugar cuando nos hacemos conscientes de nuestros comportamientos erróneos, -también de nuestra parte de culpa en los acontecimientos mundiales– y empezamos de nuevo a establecer la paz con nuestros semejantes, también con el torturado mundo animal, con el reino vegetal y mineral, de forma que reconocemos nuestras actitudes en contra de ellos, nos arrepentimos de ellas, las purificamos con la ayuda del Cristo de Dios y no las volvemos a cometer más.

Jesús, el Cristo, nos ha mandado a los cristianos que superemos con Su fuerza las discrepancias anímicas, las desarmonías, los comportamientos erróneos, también denominados pecados. Cuando ya no cometemos cosas similares o parecidas, las discrepancias en el alma y en el cuerpo se transforman en armonía. La armonía en el alma y en el cuerpo puede hacer que los sufrimientos y las enfermedades se reduzcan o desaparezcan completamente.

Lo que el hombre siembre, eso cosechará. Como consecuencia sólo podemos cosechar aquello que nosotros hemos sembrado, y no aquello que otros han sembrado y siguen sembrando, así como otros no pueden cosechar aquello que nosotros hemos sembrado o seguimos sembrando.

Por esta razón ... cada momento: aquello que nos toca, somos nosotros mismos. Pues lo que viene y nos viene, lo hemos invitado nosotros mismos a través del principio «emitir y recibir» o «igual atrae a igual».

El amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos significa no desearle nada malo; no poner ante él ninguna expectativa; no exigir de él nada que nosotros mismos podamos hacer; no menosvalorarlo; no envidiarle nada; no odiarlo; no estar en enemistad con él; no aprovecharse de él; no enfrentarse belicosamente ni dar falso testimonio contra él.

La correcta creencia en Dios es siempre la fe activa, el cumplimiento paso a paso de los Diez Mandamientos y del Sermón de la Montaña. La fe pasiva, a la que no le siguen actos legítimos, es decir divinos, es al mismo tiempo una fe muerta que no nos despierta a la vida, pues vida es acción, también la vida en el Espíritu de Dios.

Dios quiere irradiar amor y fuerza a través nuestro a nuestros semejantes. El que desee ver cumplidas sus oraciones, debería también vivir de acuerdo con lo que expresa en ellas.

Nosotros los hombres tenemos la costumbre de subestimar a otros... Sin embargo, el que desvalora a otros, se pone por encima de sus semejantes, y con ello por encima de Dios, puesto que Dios no desvalora ni juzga a sus hijos humanos. También con el echar la culpa a otros quere-mos demostrar en última instancia que somos mejores, eventualmente incluso inmaculados. El que se ha creado una aureola de comportamiento de este tipo está luego obligado a mantenerla a través de la autoconfirmación. De ello resultan insatisfacción, desarmonía, estrés de tener que rendir siempre y la presión de tener constantemente que representar un papel, esto es, tener que presentarse ante otros y demostrar algo. La consecuencia de ello es que su sistema nervioso está constantemente bajo alta tensión.

No existen las casualidades, tampoco en aquello con lo que o con quienes tengamos que ver en esta vida terrenal.

No son nuestros semejantes los que tienen la culpa de nuestro sufrimiento, sino que somos no-sotros mismos los culpables, pues... enfermedades, necesidades, golpes del destino y cosas similares no vienen de Dios ni tampoco de «otros», sino que vienen de nosotros mismos, pues nosotros mismos hemos grabado lo que nos lleva a ello. Nos hemos alejado del océano de la vida y nos hemos dirigido a tierra firme, seca.

Para conseguir la luz de la sanación en el alma y el volverse sano del cuerpo, se nos ha recomendado no cometer más las actitudes erróneas que hemos reconocido, los pecados... Éste es el camino en el que todos los componentes celulares y las funciones del organismo pueden recibir las corrientes de la sanación, que ponen en acción de forma reforzada las fuerzas autocurativas del cuerpo, para poder realizar así la sanación completa, la purificación del alma y la sanación del cuerpo.

Al espíritu de Dios todo le es posible, si nosotros solamente queremos. Los medicamentos pueden ayudar a quitar obstáculos del camino, a aliviar dolores, de forma que a las fuerzas vitales, al espíritu de Dios, les sea más fácil trabajar en el alma y en el cuerpo. El verdadero proceso de sanación es la sanación completa a través del Espíritu eterno.

Tengamos presente que la luz de Dios es más fuerte que las tinieblas. Lo bueno siempre vencerá a lo malo, a lo humano inferior. Depende de nosotros el que le demos la posibilidad a lo bueno, orientándonos hacia la luz, Dios en Cristo, nuestro Redentor, el único bueno.

De forma similar, así como un comportamiento contrario a la ley divina causa el efecto corres-pondiente, lo positivo actúa todavía de forma más fuerte. Resplandece en el alma e irradia al cuerpo a través del alma.

Si nos hemos investigado y hemos reconocido lo que desde el subconsciente llamaba a la puerta del consciente y nos incitó a un ritmo corporal intranquilo, si hemos superado esas causas, se producirá el progresivo renovamiento desde el interior. Esto significa que no tendremos que pa-decer o sobrellevar más de una enfermedad o sufrimiento.

Está escrito que al que da un paso sincero hacia Cristo, un paso de corazón, Cristo da varios pasos hacia él. Ya sea en pensamientos, palabras o actuaciónes –todo, lo que es verdaderamente posi-tivo, es consciente de Dios; corresponde en sus contenidos a los Diez Mandamientos y al Sermón de la Montaña de Jesús. Si nos basamos en Dios, confiando en Él, y afirmamos cada vez más lo bueno, como por ejemplo, la salud, la paz, la unidad y la fortaleza, pondremos así nuestra forma de comportarnos en consonancia con la voluntad de Dios.

El que observa más de cerca la palabra «incurable», es decir, sintiendo lo que realmente expresa, seguramente sentirá que esta palabra limita la esperanza. Si se elimina la esperanza, no puede haber haber ningún desarrollo. El que se ata a la palabra «incurable» verá desvanecerse en él la esperanza, la fe y la confianza; en pensamientos dirigirá cada vez más su atención a su cuadro clínico y a la desesperación, con lo que el miedo aumentará, creando con ello la posibilidad de que la enfermedad progrese. Con este y con otros comportamientos similares más de uno se ha imaginado ya una muerte prematura.

Con miedo y desesperación una persona disminuye sus energías anímicas y corporales. Por el contrario, confianza y esperanza producen un despertar de las fuerzas de la vida.

Aquel que en la consciencia de la filiación de Dios se propone diariamente la purificación del templo, la purificación de su alma y de su organismo, refinará su carácter, ya que su modo de pensar y comportarse está en consonancia con la voluntad de Dios. Éste es el camino hacia la sanación completa y hacia el ser feliz.

Si lo desea, afirme diariamente su filiación divina: el que usted es un hijo del Padre eterno y que Él siempre está presente para usted con todo Su amor y la fuerza de la sanación. No sólo lo diga o lo piense, sino que intente hacer esto realidad, cambiando su actitud demasiado humana para así también aprender a comprender mejor a sus semejantes, que en el Espíritu de su y nuestro Padre eterno, son nuestros hermanos y hermanas. Deje de aniquilar a su hermano, a su hermana en pensamientos, con palabras o quizás con formas de actuar.

No siempre es fácil transformar lo que se ha alimentado durante muchos años, los miedos, las dudas, las preocupaciones, en una entrega llena de confianza consciente y plena de fe al Espíritu de la vida, a la fuerza sanadora que vive en nosotros. Para poder salir de este círculo de la negación de lo bueno, de la fuerza ayudadora y sanadora, es de gran ayuda el rezar con frecuencia durante el día a Cristo en nosotros, y al mismo tiempo rezar dirigiéndonos al interior de nuestra alma y de nuestro cuerpo, pues nuestro cuerpo es la iglesia, el templo de Dios, ya que Dios, la vida y la sanación, vive en nosotros. Si cumplimos paso a paso en la vida diaria nuestras propias oraciones, haciendo lo que rezamos, purificaremos nuestra iglesia, el templo de Dios, y reconstituiremos de esta forma el orden en nosotros mismos. El que se propone la purificación del templo con la ayuda del Cristo de Dios, alcanza fortaleza de fe, confianza y cercanía de Dios. Esta consciencia es al mismo tiempo la seguridad interna.

La inversión del mandamiento del Sermón de la Montaña de Jesús, lo que esperas que te hagan a ti, hazlo tú primero a los demás, se podría decir con las palabras siguientes: No hagas a los demás lo que no quieras que te hagan a ti.... Si la cristiandad hubiera pensado y actuado de esta forma, en el sentido del amor a Dios y al prójimo, tal como Jesús nos enseñó, entonces habría un solo pueblo de la libertad y de la paz y del bienestar para todos.



http://www.universelles-leben.org/cms/es/quienes-somos/el-mensaje-de-la-verdad/ayuda-para-quienes-estan-enfermos-y-sufren.html

miércoles, 30 de mayo de 2012

El Misterio de la Relación (parte I)

La relación es uno de los misterios. y, como existe entre dos personas, depende de ambas.  cuando dos personas se encuentran, se crea un mundo nuevo.  Con sólo reunirse, un nuevo fenómeno adquiere existencia, sin haber estado antes, sin haber existido nunca antes.  Y, a través de ese nuevo fenómeno, ambas personas cambian y se transforman.
Sin relaciones, eres una cosa; con relaciones, te transformas de inmediato en otra cosa.  Algo nuevo ha sucedido.  Una mujer, al convertirse en amante, ya no es la misma mujer. Un hombre, cuando es padre, ya no es el mismo hombre.  Un niño nace, pero dejamos completamente de lado un punto: en el momento en que nace el niño, también nace la madre.  Ésta no existía antes.  Existía la mujer, pero no la madre.  Y la madre es algo absolutamente nuevo.
La relación es creada por ti, pero luego, a su vez, la relación te crea a ti.  Dos personas se encuentran; esto quiere decir que dos mundos se encuentran.  No es algo simple, sino muy complejo, de lo más complejo.  Cada persona es un mundo en sí misma, un complejo misterio, con un largo pasado y un eterno futuro.

Al comienzo, sólo se reunen las periferias.  Pero, si la relación gana intimidad, se torna mas cercana, mas profunda, entonces, poco a poco, comienzan a unirse los centros.  Cuando se unen los centros, se denomina amor.  Cuando se encuentran las periferias, hablamos de "conocidos".  Muchas veces comienzas por llamar amor a tu "conocido".  Estas entrando en una falacia.  Ese conocimiento no es el amor.
El amor es muy raro.  Llegar al centro de una persona es pasar por una revolución interior porque, si quieres acceder al centro de una persona, tendras que permitir que también ella acceda a tu centro.  Deberás volverte vulnerable, absolutamente vulnerable, abierto.  Es un riesgo.  Permitir que alguien acceda a tu centro es riesgoso, peligroso porque nunca sabes que te hará esa persona.  Y, una vez que se conocen todos tus secretos, una vez que lo que ocultas se descubre, una vez que estas completamente expuesto, nunca sabes que te hará la otra persona.  Hay temor allí: por eso nunca nos abrimos.
Con sólo tener un "conocido" pensamos que el amor se ha producido.  Se unen sólo las periferias y creemos que nos hemos reunido.  Tu no eres tu periferia.  En realidad, la periferia es el límite en el cual terminas, sólo la cerca que te rodea; no coincide contigo.  La periferia es el lugar donde tú terminas y el mundo comienza.   Hasta los maridos y las esposas que han vivido juntos muchos años pueden no ser más que conocidos.  Pueden no haber conocido al otro por completo.  Y, cuanto más tiempo vives con alguiem tanto más olvidas que los centros no se han conocido.
Entonces lo primero que es necesario comprender es que no hay que confundir el conocimiento con el amor.   Puedes hacer el amor, puedes tener un vinculo sexual, pero el sexo tambien forma parte de la periferia.  Si los centros no se encuentran, el sexo es solo la reunion de dos cuerpos, y el encuentro de dos cuerpos no es tu encuentro.  Asi, el sexo no es sino una relación de conocimiento: física, corporal, pero relacion de conocimiento únicamente puedes permitirle a alguien acceder a tu centro cuando no estás asustado y no sientes pánico.
Entonces, te digo que hay dos tipos de vida: una guiada por el miedo; otra guiada por el amor.  La vida que se guia por el miedo nunca puede conducirte a una relación profunda.  Permaneces asustado, y al otro no se le puede permitir, no se lo puede autorizar a llegar hasta tu mismo centro.  Dejas que el otro llegue hasta un punto, y luego se levanta una pared y todo se detiene.
La persona que se guia por el amor es el religioso.  Una persona guiada por el amor es alguien que no le tiene miedo al futuro, que no le teme al resultado ni a las consecuencias, alguien que vive el aqui y el ahora.
Por eso, Krishna le digo a Arjuna en el Gita: "No te preocupes por el resultado.  Eso es lo que ha una mente
que se guia por el miedo.  No pienses en que resultará de ello.  Sólo quédate allí y actúa en forma íntegra.   No calcules.  Un hombre que se guia por el miedo está permanentemente calculando, planificando, haciendo arreglos, protegiéndose.  Y así malgasta toda su vida."