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"Te advierto, quien quieras que fueres, ¡Oh! Tú que deseas sondear los arcanos de la naturaleza, que si no hallas dentro de ti mismo aquello que buscas, tampoco podrás hallarlo fuera. Si tú ignoras las excelencias de tu propia casa, ¿cómo pretendes encontrar otras excelencias? En ti se halla oculto el Tesoro de los Tesoros ¡Oh! Hombre, conócete a ti mismo y conocerás el universo y a los Dioses." ORACULO DE DELFOS

domingo, 27 de noviembre de 2016

El hombre “BUENO” y el hombre CONSCIENTE

¡MARAVILLOSA Semana!!!
 Preciosa y profunda reflexión

La moral se ocupa de las buenas cualidades y de las malas cualidades. Un hombre es bueno -según la moral- cuando es honrado, sincero, auténtico, digno de confianza.

El hombre de conciencia no solo es bueno, es mucho más, pues la bondad es un subproducto, una consecuencia de ser consciente. En cuanto te haces consciente de tu propio ser, la bondad te sigue como una sombra. Ya no es necesario hacer ningún esfuerzo por ser bueno; la bondad se convierte en tu modo de ser.

(El hombre consciente es un jarrón vacío, a través del cual la Divinidad se manifiesta. Por eso, todo lo que haga el hombre consiente es bondadoso, porque es la misma Divinidad la que actúa).

El hombre “bueno” no es necesariamente consciente. Su bondad es el resultado de un gran esfuerzo; está luchando con sus malas cualidades: la tendencia a robar, la deslealtad, la insinceridad, la violencia, etc.

En el hombre bueno siguen existiendo, solo que reprimidas; pueden hacer erupción en cualquier momento.

El hombre “bueno” puede transformarse en un hombre malo con mucha facilidad, sin ningún esfuerzo, por que todas esas malas cualidades están ahí, solo que reprimidas. Si deja de esforzarse, inmediatamente harán erupción en su vida.

Y las buenas cualidades son solo cultivadas, no son naturales. Se ha esforzado mucho por ser honrado y sincero, por no mentir, pero ha sido un gran esfuerzo y eso cansa.

El hombre bueno tiene que hacer inmensos esfuerzos para hacer el bien y evitar el mal. El mal es una tentación constante para él Es una elección: en todo momento debe elegir el bien y no elegir el mal.

Esto demuestra una cosa: que eso no se ha ido a ninguna parte, que sigue dentro de ti, aguardando. En cuanto te relajas, en cuanto dejas de hacer esfuerzo, todas las malas cualidades que habías estado reprimiendo empezarán a llenar tus sueños. Tus sueños son tus deseos reprimidos.

El hombre “bueno” está siempre serio, porque tiene miedo de todas las malas cualidades que ha reprimido. Y está serio porque en el fondo desea que le honren por su bondad, que le premien.

Lo que anhela es ser respetable.

El hombre “bueno” está en constante conflicto. Su vida no es una vida alegre; no puede reír cordialmente, no puede cantar, no puede bailar. Está juzgándolo todo constantemente.

Su mente está llena de condenas y juicios. Y como él se esfuerza tanto por ser bueno, juzga a los demás según los mismos criterios. No puede aceptarte tal como eres; solo puede aceptarte si cumples sus exigencias de bondad. Y como no puede aceptar a la gente tal como es, la condena.

No son estas las cualidades del hombre auténticamente despierto.

El hombre auténticamente despierto no tiene juicios ni condenas. Solo sabe una cosa: que ningún acto es bueno y ninguno es malo.

(El hombre inconsciente puede incluso hacer algo que a todo el mundo le parece malo, pero para el hombre consciente no es ni malo ni bueno, simplemente actúa según su estado de consciencia, está aprendiendo a través de la experiencia).

Puedes hacer algo malo y todos te condenarán excepto el hombre consciente. Él no puede condenarte, porque no eres consciente; necesitas compasión, no juicio, no condena. No mereces el infierno, nadie merece el infierno.

Solo existe una manera de trascender del hombre “bueno”, y es APORTAR MÁS CONCIENCIA A TU SER.

La conciencia no es algo que se pueda cultivar; ya está ahí, solo hay que despertarla. Cuando estás totalmente despierto, todo lo que hagas será bueno.

Cuando se llega a un punto de absoluta conciencia, ya no es cuestión de elegir. Simplemente haces cualquier cosa y es buena. La haces inocentemente, sin esfuerzo.

Al hombre de conciencia no se le debe considerar sinónimo de hombre “bueno”. Es bueno, pero de un modo muy diferente.

No es bueno porque esté intentando ser bueno; es bueno porque es consciente. Y en la conciencia, el mal, lo malo, todas esas palabras condenatorias, desaparecen como desaparece la oscuridad al llegar la luz.

No te des por satisfecho con ser simplemente bueno. Recuerda: tienes que llegar a un punto en el que no tengas ni que pensar qué es bueno y qué es malo. Tu misma conciencia te lleva hacia lo que es bueno.

Un hombre de conciencia está relajado, en calma, tranquilo, en silencio y sereno. Todo lo que florece en su silencio es bueno. Es siempre bueno. Vive en una conciencia sin elecciones.

Así que debes llegar más allá del concepto corriente de hombre bueno.

No serás bueno ni serás malo. Simplemente estarás alerta, consciente, despierto, y todo lo que venga después será bueno.

Dicho de un modo diferente: en la conciencia total alcanzas la cualidad de la divinidad, y el bien es solo un pequeño subproducto de la divinidad.

Las religiones te han venido enseñando a ser bueno para que un día puedas encontrar a Dios. Eso no es posible. Ningún hombre bueno ha encontrado la divinidad.

Haz justo lo inverso: encuentra la divinidad primero, despierta tu conciencia primero y el bien vendrá por sí solo.

Y cuando el bien viene por sí solo, posee una belleza, una gracia, una sencillez, una humildad… No pide ninguna recompensa ni aquí ni en la otra vida, él mismo es su propia recompensa.

Osho

Por COSMO Plug - noviembre 24, 201610509

jueves, 17 de noviembre de 2016

Agresividad (odio, rencor, rabia, ira, impotencia, culpabilidad)

En el término agresividad incluimos todos aquellos egosentimientos relacionados con el impulso de agredir, de hacer daño, bien sea a los demás o a uno mismo, como el odio, el rencor, la rabia, la ira, la impotencia y la culpabilidad.

La agresividad se despierta generalmente motivada por un estímulo exterior, una circunstancia que la persona se toma como un ataque a sí mismo o un obstáculo que le impide satisfacer sus deseos o anhelos. Es una degeneración del instinto de supervivencia. La agresividad puede ser una manifestación de cualquiera de los defectos, pero la razón por la cual se despierta es diferente en cada uno de ellos. En el vanidoso, la agresividad se manifiesta cuando éste intenta llamar la atención o ser el centro de atención y no lo consigue, o satisfacer algún deseo y no se ve complacido, o doblegar alguna voluntad sin conseguirlo. Entonces recurre a la agresividad como una forma de imponer a los demás lo que busca. En el orgulloso y en el soberbio la agresividad se suele despertar de una manera más puntual pero con episodios que pueden ser más violentos. 

Se activa cuando no se les da la razón en algo de lo que están convencidos, cuando se sienten impotentes para solucionar alguna situación que no se resuelve conforme ellos quisieran, cuando se reprimen de hacer o expresar lo que sienten, o por haberse sentido heridos en sus sentimientos. Pueden ser más dañinos en estos episodios de ira que el vanidoso, porque tienen tendencia a acumular tensión y cuando pierden el control de sí mismos pueden explotar repentinamente. Podéis asemejar las distintas agresividades del vanidoso y orgulloso con aquellas de un león y un rinoceronte, respectivamente. El león es agresivo por propia naturaleza, ya que es carnívoro y se alimenta de carne de otros animales, con lo cual la agresividad es innata en él. Esta agresividad es como la del vanidoso. Sin embargo, el rinoceronte es un animal herbívoro y no utiliza la violencia habitualmente, ya que no necesita cazar para alimentarse. Sólo atacará en momentos muy puntuales cuando se siente amenazado o herido.

Esta agresividad es como la del orgulloso. La agresividad del soberbio es semejante a la del orgulloso y únicamente se diferencia en el grado, ya que al soberbio es más difícil dañarle en sus sentimientos. Por tanto, también es más difícil que se le despierte la agresividad por este motivo. Pero si se le despierta, puede ser mucho más destructiva que en los demás.

Dentro de la agresividad podemos distinguir diferentes variantes, cada una de ellas con sus matices particulares, que van desde el odio hasta la impotencia, pasando por el rencor y la rabia.

El odio es una agresividad muy intensa y duradera dirigida hacia otros seres. Es el egosentimiento más primitivo y pernicioso que existe, el más dañino, el más alejado del amor. Es el sentimiento máximo de desunión, de rechazo hacia otros seres de la creación. El odio es propio de los seres más primitivos, menos avanzados, en el aprendizaje del amor. El que odia, llamémosle “odiante”, cree siempre que su odio está justificado, y que puede controlarlo, pero acabará cada vez odiando a más personas y sembrando la desunión entre aquellos que estén a su alcance. Las personas que se dejan arrastrar por el odio son violentas, injustas, fanáticas, despiadadas y destruyen todo lo que tocan. Ya que la gente normal les rehuye, para no sentirse solos buscan encontrar a otros como ellos. Los “odiantes”se suelen afiliar a movimientos radicales y violentos, basados en la justificación del odio a los que ellos consideran diferentes. 

Pero ese mismo odio acabará por destruirles, porque van acercando al espíritu cada vez más hacia la soledad, la desunión con los otros seres de la creación. Al fin y al cabo es lo que ellos querían.

La ira o enfado es una agresividad de corta duración, de mayor (ira) o menor (enfado) intensidad. La rabia y la impotencia son estados de agresividad interna más intensos y prolongados en el tiempo, activados por una circunstancia adversa que pueden ser dirigidos tanto contra los demás como contra uno mismo, en el caso de la impotencia, con la circunstancia agravante de la frustración de sentirse imposibilitado para cambiar el curso de los acontecimientos.

Las personas coléricas, irritables, es decir, a las que se les despierta la agresividad muy fácilmente, por cualquier motivo banal, suelen ser personas amargadas, insatisfechas consigo mismas y con su vida, que no quieren profundizar en el motivo verdadero de su malestar, por lo que buscan culpables fuera de ellos mismos para autoconvencerse de que es lo exterior y no lo interior el motivo de su malestar, por lo que sufren por no querer avanzar. Se despierta entonces el rencor. Cuando el sentimiento de agresividad y/o impotencia está dirigido hacia uno mismo estamos entrando en el terreno de la culpabilidad.

La acumulación de agresividad en uno mismo provoca grandes desequilibrios a nivel del cuerpo astral, que si se prolongan acaban provocando enfermedades físicas. Por ejemplo, el odio contenido provoca enfermedades del hígado y la vesícula biliar. La impotencia provoca trastornos digestivos. La rabia contenida y el rencor acumulados provocan problemas en la dentadura (dolor de muelas y caries). La agresividad contra uno mismo o culpabilidad provoca enfermedades autoinmunes.



LAS LEYES ESPIRITUALES
Vicent Guillem

UNA ESTRATEGIA PARA SOBREPONERSE A LA PREOCUPACIÓN, EL MIEDO O LA ANSIEDAD


Todos tenemos preocupaciones o temores.  Ellos pueden ser útiles porque pueden ser señales que advierten un peligro. También nos pueden dar nociones del funcionamiento de nuestra mente. A algunas personas, comprender el origen de su preocupación o miedo los ayuda a encarar el tema profundo que lo causa. Para la mayoría, esos ramalazos reiterados de preocupación, miedo o ansiedad no son más que una molestia.

Sin embargo, nuevas comprensiones en neurociencia nos ofrecen la esperanza de poder cambiar nuestros estados emocionales. Durante la preocupación, miedo o ansiedad, los recursos del cerebro tienden a fluir hacia las áreas del cerebro de la preocupación, el miedo y la ansiedad. En el cerebro, parte de la arquitectura del miedo es la amígdala.

Es un hábito…

Habrán notado que cuanto más se preocupan, más encuentran de qué preocuparse. La preocupación, el miedo y la ansiedad son como hábitos para muchas personas y tanto es así que finalmente solo basta algo nimio para que se disparen. Varios años antes, la misma cosa no hubiera tenido casi efecto, si es que lo tenía, y ahora se preguntan por qué cuando eran jóvenes parecían mucho más fuertes, más resistentes. En parte se debe a que las áreas del cerebro destinadas a la preocupación, el miedo y la ansiedad crecen tal como un músculo aumenta y se fortalece más mediante el ejercicio.

Así como el músculo se vuelve más fuerte, también la preocupación, el miedo y la ansiedad parecen volverse más potentes al volvernos más sensibles a las circunstancias que nos rodean e incluso comenzamos a perder confianza. El fenómeno se conoce ampliamente como neuroplasticidad.

Ahí es donde reside la esperanza, porque a) la neuroplasticidad tiene lugar en muchas regiones del cerebro y b) no solo está referida al crecimiento sino al decrecimiento, mediante la falta de uso. Piensen en lo que le sucede a un músculo cuando ustedes dejan de usarlo.

La estrategia que me gustaría compartir con ustedes utiliza esta noción. Si dejan de preocuparse tanto, tienden a encontrar menos cosas para preocuparse. Eso se debe a que no están usando tanto el “músculo de la preocupación” y entonces se encoje, tal como se reduce un músculo si dejan de ejercitarlo.

¡Es más fácil decirlo que hacerlo! ¡Es verdad! De modo que la estrategia involucra sortear todo lo atinente al pensamiento positivo. En vez de eso, utilizamos técnicas sencillas para desviar recursos lejos de las áreas de preocupación del cerebro hacia las áreas asociadas con el control consciente de nuestra mente. Es como no dejar que los recursos fluyan hacia atrás y en cambio hacerlos fluir hacia adelante. Al no “alimentar” tanto las áreas de la preocupación, así como un músculo se debilita debido a la falta de uso, lo mismo ocurre con las regiones de la preocupación del cerebro.

Cuesta algo de trabajo, pero bien puede valer la pena.

Las Instrucciones…

He aquí lo que hacen. Cada vez que surja la preocupación, el miedo o la ansiedad, respiren cómodamente, enfocando toda su atención en el acto de respirar –el sonido, la sensación en sus narinas, el movimiento de su abdomen o pecho. Al hacerlo, interrumpen el flujo de recursos del cerebro hacia las áreas de la preocupación y en vez de eso envían recursos hacia la corteza prefrontal (ligeramente encima de sus ojos). Es un área en el frente de su cerebro asociada con el control consciente. Esto se debe a que ustedes están controlando algo conscientemente; en este caso, su respiración. Esta corteza prefrontal, entre otras áreas, está activa cuando enfocamos nuestra atención en nuestra respiración.

Puesto así, parece fácil e inicialmente el efecto positivo podría durar solamente un momento o dos y tal vez descubran que tienen que hacerlo 2, 3 o hasta 10 veces seguidas. Ahí es donde viene el trabajo. Casi necesitan ser incansables, concentrándose en su respiración cada vez que surja un pensamiento o sentimiento de temor. La técnica no es para todos, ya que algunos la encontrarán cansadora y es posible que además duden que pueda funcionar realmente. 

Pero puede traer resultados poderosos si la mantienen durante unos días. Dentro de ese tiempo, como tiene lugar la neuroplasticidad para construir la corteza prefrontal mientras al mismo tiempo reduce la amígdala, tal vez noten que sus pensamientos y sentimientos de miedo se reducen levemente. Mantener la práctica durante unas pocas semanas podría producir resultados duraderos.

Hay otra forma divertida de hacerlo. En lugar de enfocarse en su respiración, cuando surge un sentimiento de temor, he alentado a las personas a hacer una pequeña danza de la victoria, una serie de movimientos de baile tontos, locos, coreografiados por su buen yo. La clave con la danza de la victoria es hacerla lo suficiente hasta que sonrían (o se rían); eso puede tomar 5 segundos o medio minuto. De ese modo, activan los centros de emoción positiva de su cerebro en lugar de las áreas del miedo. Ocurre lo mismo que antes: crean zonas cerebrales de emoción positiva mientras reducen las áreas de preocupación y eso se debe a que están haciendo trabajar las áreas de la emoción positiva en lugar de alimentar las áreas de la preocupación. Incluso pueden agregarle una pequeña visualización o una afirmación mientras hacen la respiración o la danza de la victoria. Para la visualización pueden imaginar cómo se encoge la zona cerebral de la preocupación. Para la afirmación pueden expresar una declaración positiva que refleje cómo intentan sentirse. 

Y si la motivación para hacerlo es un impedimento para ustedes, algo bueno que los mantiene motivados es recordarse a sí mismos que sencillamente están escogiendo trabajar músculos diferentes. Todos sabemos cómo se fortalecen o debilitan los músculos según cuánto los ejercitemos. Hacer esto y reconocer que están ocurriendo cambios reales en el cerebro pueden proveer justo la motivación que necesitan.

Es una estrategia muy útil. Tal vez no sea para todos y tampoco es la respuesta a todas nuestra preocupaciones, miedos y ansiedad. Pero ciertamente, es una herramienta útil.