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NAMASTÉ!!!

"Te advierto, quien quieras que fueres, ¡Oh! Tú que deseas sondear los arcanos de la naturaleza, que si no hallas dentro de ti mismo aquello que buscas, tampoco podrás hallarlo fuera. Si tú ignoras las excelencias de tu propia casa, ¿cómo pretendes encontrar otras excelencias? En ti se halla oculto el Tesoro de los Tesoros ¡Oh! Hombre, conócete a ti mismo y conocerás el universo y a los Dioses." ORACULO DE DELFOS

domingo, 12 de noviembre de 2017

Magia en el pensamiento (1ra parte)

¡MARAVILLOSA Semana!!!

¿Qué es la filosofía? Un túnel, con un negro dentro.
¿Qué es la filosofía religiosa? Un túnel, con el espíritu de un negro dentro.
¿Qué es la filosofía humanista? Un túnel donde se busca el espíritu de un negro que no está ahí.
¿Qué es la filosofía científica? Un túnel donde se busca el espíritu de un negro que no está ahí, gritando muy fuerte «iYa lo encontré!».


El intelecto puede preguntar pero no puede responder; puede creer pero no puede crear; puede imaginar pero no puede conocer... Quien se encierra en sus límites mentales acaba tratando de escaparse de su cuerpo. Hay una manera de unirse con el mundo que no se realiza a través de las palabras sino de las sensaciones. Pero el Ego intelectual, encerrado en la cárcel del Yo personal, nos engaña enseñándonos a sentirnos de mil maneras no auténticas, inculcándonos gestos y movimientos estereotipados, haciendo que establezcamos nuestra piel como una frontera, dividiendo el cuerpo en interior y en exterior, convirtiendo el corazón en un reloj que con su palpitar nos indica la presencia de una transformación luminosa a la que considera un castigo fatal que llama muerte, embebiendo de angustia a la carne, catalogándonos como feos, bellos, gordos, flacos, altos, bajos, jóvenes o viejos: al cuerpo siempre le sobra o le falta algo. Nos vela la posibilidad de vivir nuestro organismo usándolo en toda su extensión, concibe el acontecimiento sexual como una catástrofe, nos obliga a realizar los normales apetitos en un cuadro manchado de vergüenza que es hija o nieta del concepto «pecado». Sólo nos permite -como sucedáneo de sus incesantes críticas- la rabia sórdida, la envidia, la desesperanza. Se niega de manera terca a que desarrollemos sentimientos sublimes como el amor universal, la bondad desinteresada, el agradecimiento sagrado o el éxtasis de la libertad.


Un borracho entra haciendo eses en una iglesia y trata en vano de asirse a una gruesa columna de la nave. Gira desesperado alrededor de ella, arañando la piedra convulsivamente. De pronto se pone a aullar de terror:

-¡Socorro! ¡Me han emparedado vivo!


El intelectual limitado desarrolla cuatro grandes temores: Antes que nada, al espacio. El infinito se le hace intolerable. Por miedo a lo informe, diseña arquitecturas rectilíneas y se sumerge en cuartos que son cubos.


Teme también al tiempo. Llena su vida de distracciones para olvidar la brevedad de su paso por el mundo. Si el aquí es un cubo, el ahora es un producto de relojes: le parece que ha dominado la eternidad por llevarla en la muñeca, encerrada en una máquina.


Teme a la consciencia. Se contenta con hacer uso de diez células cerebrales, sin querer investigar en las incontables otras que no cesan de efectuar conexiones misteriosas en su cerebro. Con orgullo, permanece en su jaula de palabras; se entrega al absurdo consumista, transformando su angustia en infantilidad.


Teme a la vida. Detesta el cambio y se aferra a sus valores anquilosados, exhibe sus sufrimientos con orgullo vanidoso, trata de «extravagantes», «locos peligrosos» o «engendros diabólicos» a quienes, desdeñando lo político, abogan por lo poético; critica con furor a «esos idealistas» que rechazando los revoluciones abogan por una mutación mental.


Un alcohólico compulsivo está invitado a una elegante cena. Al llegar a los postres, viendo que ha bebido más de la cuenta, decide simular estar sobrio. En ese momento, la dueña de la casa le presenta a sus hijas gemelas, adolescentes. El ebrio, con perfecta galante frente a las dos atractivas muchachas, exclama:

-¡Oh, qué bella es usted, señorita!


Encerrarse en el área intelectual, como un ermitaño en una fortaleza, es una forma de ebriedad. El individuo, sumergido en su río de palabras, en su monólogo interior, pierde el contacto real con el mundo. Negando la multiplicidad del cosmos, tiende a simplificarlo en fórmulas. Mas toda simplificación acarrea sufrimiento. Vivir en un engaño mental conduce a la angustia...


Sin embargo, el Ego intelectual se puede convertir en una fuente de felicidad si se le hace mutar, inyectándole en sus sistemas lógicos siete leyes mágicas:


1. El mundo no es eso que pensamos que es

En la infancia absorbemos las identidades de nuestros familiares, luego de nuestros profesores, amigos y personajes famosos, formando con ellas un Yo imitado que proyectamos al mundo, transformándolo de acuerdo con lo que creemos ser. Si hemos padecido abusos en la infancia, decimos que el mundo es injusto. Si nuestros padres, por narcisismo, nos han invalidado mentalmente, acabamos creyendo que estamos poseídos por alguien con poderes malignos... Al encontramos ante una persona que sufre por esta causa, no debemos decirle «Es una ilusión» sino: «Te creo, estás poseído: vamos a solucionarlo». «¡Nadie me ama!»: «En efecto, nadie te ama: veamos qué debes hacer para que te amen». «¡Soy un inútil!»: «De acuerdo, eres un inútil: descubramos la manera en que puedes desarrollar tus capacidades».


Cada pensamiento atrae su equivalente en el mundo: la realidad, en cierta forma, es nuestro espejo. Decimos «en cierta forma» porque este mundo es una resultante producida entre lo que él es y lo que nosotros creemos que es.


Basta actuar en el mundo proyectado con la finalidad de descubrir su naturaleza esencial para que en él se produzcan «casualidades» que nos ayudan a lograr lo que queremos. En una sala de baile, si no invitamos a bailar a alguien, nos quedamos sentados. La realidad es una danza. Si deseamos fracasar, el mundo, convertido en enemigo, nos ayuda a fracasar. Si deseamos tener éxito, el mundo se convierte en nuestro aliado.


En la memoria, las experiencias reales y las del sueño se graban de un modo semejante. Haciéndonos conscientes de ello, podemos tratar la realidad como si fuera un sueño. Si no tenemos trabajo, es útil que nos preguntemos «¿Por qué sueño que nadie me da un trabajo?» tal como haríamos ante un psicoanalista buscando el significado simbólico de una imagen onírica. Pero en «¿Por qué he soñado que me roban la cartera?», si el hecho nos ha sucedido en realidad, encontraremos respuestas porque las motivaciones del ladrón están en nosotros mismos.


Una señora sueña que acaba de acostarse en su dormitorio. De pronto la ventana se abre violentamente y un negro musculoso entra en el cuarto. Está desnudo y exhibe un miembro enorme en plena erección.

-¡Socorro! -grita la dama-o Dios mío, ¿qué me va a suceder? 

El negro le responde dulcemente:

-No lo sé, señora. ¡No soy yo el que sueña, sino usted!


La realidad, primero, podemos interpretarla como un sueño. Luego podemos continuar soñándola en el sentido que le hemos encontrado. Y por fin, conducimos en ella como lo hacemos en un sueño lúcido: con desprendimiento y consciencia, logrando introducir actos que transformen positivamente lo que acontece. Si cambiamos nuestros pensamientos, cambiamos el mundo.


2. Todos los sistemas son arbitrarios


Es imposible, en un cosmos infinito, crear un pensamiento que tenga una estructura fija. Pero si bien no podemos crear un orden podemos, tomándonos la libertad de cambiar de sistema, llevar a cabo una buena organización, demoliendo los límites destructores para sustituirlos por conceptos transformables. Pasamos entonces de un mundo estancado a un mundo fluido. La verdad es aquella que decidimos que, por su utilidad momentánea, es la verdad.


Un ciego, de pie en medio de un desierto llano, se queja de no poder avanzar porque no encuentra obstáculos que lo guíen.


Para sobrevivir debemos ponernos límites, siempre que podamos cambiarlos cuando hayan cumplido su función... No podemos vivir sin atarnos a los otros. Una atadura neurótica es aquella que nos ha oprimido contra nuestra voluntad y de la que no podemos deshacemos. Una atadura sana es aquella que hemos deseado pero de la que podemos liberamos cuando queramos.


3. Todo está conectado con todo


Para realizarnos debemos conservar en nuestro espíritu un territorio inviolable, que llamaremos “jardín secreto”. Si no lo hacemos, seremos invadidos por familiares, amigos, enemigos, comerciantes, personalidades poderosas, etc. No seremos nosotros mismos. El amor simbiótico es una ilusión. La soledad interior es absolutamente necesaria. Hay que defenderla para evitar ser vampirizados o colonizados. Esta manera de sobrevivir no debe ser confundida con el egoísmo. Quien cultiva su jardín secreto sabe respetar el jardín secreto de los demás. El curandero mexicano Carlos Said, antes de intentar sanar a un enfermo, le coloca una gruesa cuerda alrededor del cuello y le dice: «La enfermedad que te aqueja es tuya, no mía».


En el fondo, la enfermedad expresa el deseo de obtener un territorio personal. El jardín secreto es de naturaleza espiritual: quien quiera llegar al Yo esencial debe desprenderse del deseo animal de poseer una parcela de terreno, una raíz geográfica, una nacionalidad. El mago pertenece a la totalidad, no a la parte. Su territorio no se mide en kilómetros: es el cosmos entero; su consciencia es también la Consciencia universal; interiormente no tiene edad, ni nombre, ni definición sexual, ni atributos. Es libre porque no posee ni se estanca, vive en continua expansión. Sin embargo, aunque el jardín interior sea una ilusión, gracias a él el mago puede navegar con su Yo esencial por las infinitas conexiones del sueño para influir positivamente en la salud colectiva.


Alejandro Jodorowsky

Cabaret Místico

martes, 7 de noviembre de 2017

11:11 Portal de Energía

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Red Planetaria de Luz I


Newsletter Claridad - Diario - Hacia una Conciencia Planetaria

Mensajes de Kryon

Saludos, queridos, Yo Soy Kryon del Servicio Magnético.
El salón empieza a cambiar, otra vez más. Recién hemos estudiado la realidad y el salón empieza a tener una realidad diferente. Tal vez algunos hayan abierto su caja desde ayer. Es el término que usamos para la linealidad del humano. Ayer Alcazar dijo algo que enseñamos todo el tiempo; el mensaje es siempre el mismo. No necesitan entender las cosas para participar en ellas. Ya lo dijimos antes; no necesitas entender cómo funciona un motor de combustión interna para poder conducir tu coche. Es un concepto muy sencillo, pero en lo que se refiere a la espiritualidad, aquí hay más que lo que piensan.
Deseo extender la enseñanza que se dio recién. Hemos dicho antes algunas de estas cosas, pero no en este salón y no para ustedes. Quiero que escuchen esto en vivo.
Todas las historias, todas, comienzan con una frase: en el comienzo. Queridos, eso no es exacto. Imaginen por un momento que Dios es un círculo gigantesco, un anillo dorado, y ese anillo es amor puro. Hermosísimo. ¿Dónde está el comienzo del anillo? Y la respuesta es que no lo hay. La idea misma de que lo haya es lineal. Todo lo que ustedes creen es como una cuerda; tiene que tener un comienzo y un final. Todo lo que tienen, todo lo que poseen, todos a los que conocen, tienen comienzo y final. Dios no tiene comienzo, y eso es difícil de captar para un humano. Un círculo; sin tiempo, sin comienzo ni fin; simplemente es.
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Encuentra y Usa tu Poder Interno - por Emmet-Fox

Cinco o seis años atrás un hombre abrió un pequeño restaurante en la ciudad y había obtenido un gran éxito. Comenzó sus negocios durante los peores días de la depresión, cuando todas las tiendas a la redonda estaban cayendo. Este café había cambiado de dueños dos o tres veces en los últimos dos años y arruinado a cada uno de los sucesivos propietarios. Mediante un regular tratamiento espiritual diario este hombre había logrado el éxito en el negocio, logrando ingresos mayores que los que había hecho en aquellos llamados días de prosperidad. Y entonces algo sucedió...
El había guardado el primer billete que ganó cuando inauguró el lugar, enmarcado y colgado en la pared detrás de la caja registradora, "para la suerte". El cuadro estuvo colgado allí cuatro o cinco años. Luego, en el último otoño pasado, durante un fin de semana, hizo limpiar el lugar entero, pintar y re amoblar. Durante cuarenta y ocho horas multitudes de hombres fueron y vinieron y durante este lapso, el billete desapareció. El pobre hombre estaba casi histérico de miedo y decía: "Mi suerte se ha ido. Pagaría con tal de recuperar el billete". - ¡Y era un estudiante de metafísica! Por supuesto, le dije que había construido un fetiche y que estaba adorándolo y que ya era tiempo de liberarse del mismo. Él se liberó y su negocio continúa floreciendo.
La adoración de fetiches no está de ninguna forma extinta, ni siquiera entre los más fervorosos feligreses, ni entre los más sinceros estudiantes de metafísica. Darle poder a cualquier objeto material es hacer un fetiche de él y adorar ese objeto es una negación del poder del Espíritu Divino y hablando claro, éste es el karma de idolatría. Hasta la misma Biblia se puede convertir en un fetiche. He conocido gente que me ha dicho que ellos no querrían estar sin una Biblia en la casa, a pesar de que jamás la abrieron. Fíjate si estás adorando algunos fetiches y si es así libérate de ellos y adora a Dios.

11:11 Portal de Energía para Conectar con lo Sagrado, por Selacia

Tenemos la oportunidad de reagrupar nuestra energía y acceder a una visión más elevada con meditación y conectándonos con lo sagrado en el núcleo de todas las cosas. Cuando hacemos esto traemos sabiduría y perspectiva a nuestra experiencia. En algunos días como el próximo portal de ingreso de energía del 11/11 y la luna nueva del 18 de Noviembre, podemos beneficiarnos de aperturas espirituales adicionales e introspecciones. Nueva percepción puede aparecer en la superficie permitiendo vernos más claramente. Dejar ir lo viejo también puede ser más fácil una vez que hayamos reconocido que estamos listos para seguir adelante y abrazar nuevas aventuras.
La clave a su progreso ahora es permanecer presentes y conscientes de lo que están creando. Mientras más presentes estén más fácil será retirarse de los dramas para poder ir hacia su interior y conectarse con lo sagrado. Con el 11/11 el próximo fin de semana, consideren explorar lo sagrado y la importancia simbólica que los antiguos aplicaron en la arquitectura de templos y pirámides. Utilicen la vasta cantidad de amor y luz que tienen dentro para ayudar a crear un mundo más amoroso.
Te esperamos!! ven 15 minutos antes de la hora programada. La entrada es libre y gratuita.

Honrando la Unidad y la Diversidad

Esto es un Servicio. Tomen, entre lo que ofrecemos, lo que resuene con ustedes, porque se lo presentamos en el más profundo respeto y amor.

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domingo, 5 de noviembre de 2017

Aproximaciones

¡MARAVILLOSA Semana!!!

Una mujer lleva un gran paquete de plátanos en los brazos. Está en el metro. En una estación, entra mucha gente en el vagón. Al ser zarandeada, trata de sostener su paquete como puede. Acaba, mal que bien, con un brazo por encima del bulto y el otro por debajo. La mano que está bajo el paquete sostiene firmemente un plátano.

Después de pasar varias estaciones en esta posición, oye la voz de un señor que está cerca de ella y le dice:
-Señora, ¿podría soltarme? ¡Me bajo aquí!

Cuando todo comienza a desmoronarse, llevamos nuestro paquete de plátanos como podemos, agarrándonos a falsos sentimientos. Creemos evolucionar, pero de hecho nos estancamos en amores románticos o en pasiones. Nos decimos que la solución para nuestra vida es encontrar una pareja. Al encontrarla, en lugar de considerado el comienzo de un trabajo espiritual, nos quedamos aprisionados en la vida cotidiana sin damos cuenta de que eso tan sólo es algo que se aproxima a lo que nosotros queremos.

Entramos en una tienda con ganas de compramos un jersey morado. La vendedora nos ofrece uno diciendo:
-¡Aquí tiene, un jersey morado!
Le respondemos:
- No, éste es azul...
Ella insiste:
-¡Es casi morado! ¡Pero, fíjese, este de color amarillo le sienta estupendamente! ¡Quédeselo!
¡Para el frío, un jersey morado o amarillo viene a ser lo mismo!

Queríamos una cosa y nos vamos con otra, algo que se le parece pero que no es la cosa. Veamos esto en nuestra realidad: ¿vivimos la cosa o algo que se le parece? El trabajo que hacemos, las relaciones sentimentales y sexuales que mantenemos, la familia que hemos formado, el territorio que habitamos, la ropa que llevamos puesta, los muebles, el coche, las actividades sociales, etc., se corresponden realmente con lo que queremos? ¿Comemos el pastel que nos apetecía u otro que se le parece? Aunque estuviéramos a menos de diez milímetros del centro, aún no estaríamos en el centro. Vamos por un camino que no nos corresponde, alejándonos de la felicidad.

Un cazador pretende pasar por experto en leones. Un día, lleva a un amigo al desierto para iniciarlo. De repente, detrás de una duna, los dos hombres descubren las huellas de un ejemplar. El especialista le dice entonces a su amigo:
-¡He aquí una oportunidad única! Tú seguirás las huellas de la derecha para saber a dónde va el león, y yo voy a seguir las huellas de la izquierda para saber de dónde viene.

El león puede simbolizar algo a descubrir en lo que estamos viviendo. Nos decimos para nuestro fuero interno: «No me siento bien, quiero saber lo que me pasa». Lo que me pasa sería el león: un trabajo que nos deprime, un hijo que se droga, una pareja que no funciona, una decepción política, una hermana enferma que nos roba la atención de nuestros padres, etc. Pero cuando comenzamos a acercarnos al corazón del problema, nos echamos atrás diciendo: «A decir verdad, ¡no quiero ver el león! Está bien que los otros intenten solucionar sus problemas, pero yo no quiero intentar solucionar los míos porque eso me va a hacer daño...». ¿Cómo enfrentar el sufrimiento? El cerebro siempre elige, entre dos dolores, el menor. Reconocer que sus padres no lo aman es el mayor sufrimiento para un niño. Antes que aceptar esto prefiere crearse una grave enfermedad. Pero padecer sufrimientos que son aproximaciones no resuelve nada. La persona que quiere sanar debe heroicamente descender hasta el fondo de la herida, aceptar el desamor del objeto de sus deseos y, soportando el impacto, descubriendo el amor por sí mismo, es decir el amor que el Yo esencial recibe del cosmos, efectuar el duelo. «Lo que no obtuve en la infancia no lo obtendré nunca. Dejo de pedirlo. Me desprendo del deseo. Construyo una nueva vida sobre bases que no son peticiones imposibles.»

Dos monjes rezan cada día una gran cantidad de horas. Uno le dice al otro:
-A pesar de que ambos rezamos con igual fervor, yo siempre estoy de mal humor y, en cambio, tú no paras de estar alegre. ¿Por qué?
-Lo que pasa -le contesta su compañero- es que tú siempre rezas para pedir, en cambio yo sólo rezo para agradecer.

Vivir una aproximación es vivir una mentira. En un antiguo libro árabe titulado El libro de las astucias se cuenta lo siguiente:

Un hombre muy religioso, a quien el Corán prohíbe mentir, está sentado en una piedra al borde de un camino. Pasa corriendo por allí un amigo suyo, con una gallina en los brazos, que le grita sin detenerse: 
«¡La robé! ¡Los guardias me persiguen! ¡Por favor, no les digas que me viste!».
Desaparece. El religioso, unos minutos antes de que lleguen los guardias, se cambia de lugar y se sienta al otro lado del camino. Cuando éstos llegan y le preguntan 
«¿Ha visto pasar a un ladrón?», él responde, señalando su nuevo emplazamiento: 
«Desde que estoy sentado aquí, no ha pasado nadie».

El religioso está satisfecho, convencido de que no ha desobedecido al libro santo. Esta historia nos invita a preguntamos: ¿cuántas mentiras nos decimos a nosotros mismos, trucos que inventamos para no encarar nuestra verdad? ¿Ante quién nos mostramos tal como somos?

Un joven médico, recién salido de la facultad de Medicina, abre un consultorio y espera sus primeros clientes. Al cabo de unos días llega por fin un hombre. Queriendo impresionarle, el joven médico lleva a su visitante a la sala de espera; luego, dejando la puerta abierta para que él le oiga, marca el número de teléfono del hospital y mantiene una conversación muy animada con un interno. Marca a continuación un segundo número, el de un laboratorio de análisis, y habla largo rato con un empleado. Luego llama a un colega. Tras haber colgado por fin, va a reunirse con su paciente que está confortablemente instalado en la sala de espera y le pregunta:
-¿Cuál es la razón de su visita?
-Oh... yo... verá... -responde el hombre-, soy precisamente el técnico de Telefónica y he venido a instalarle la línea del teléfono.


Si el joven médico, en lugar de querer aparentar lo que no es (un profesional consagrado), hubiera dicho al hombre cuando llegó «¡Qué maravilla, es usted mi primer cliente!", este encuentro habría tenido lugar en su verdad. Pero el doctor quería vivir la verdad de otros, no la suya. Por esta razón el encuentro fracasó... Si suponemos ahora que somos a la vez el médico y el posible paciente, es decir el Yo auténtico y el Yo impuesto, en nuestro fuero interno sabemos que nos estamos contando mentiras. Pero como nos han educado haciéndonos creer que lo normal es ser «como todo el mundo», identificándonos con un solo idioma, imponiéndonos etiquetas, banderas, religiones, modas, ideas políticas o conductas estereotipadas, nos sentimos culpables por ser distintos. Nos engañamos a nosotros mismos sintiendo que tenemos un enemigo dentro. Lo auténtico de nosotros nos parece enfermedad, y los valores admitidos y admirados en los demás nos resultan más deseables de obtener que los nuestros. Nos despreciamos, comparándonos con quienes tienen poder o reciben reconocimiento. Lo que hacemos no lo hacemos por el placer de crear sino para obtener beneficios, que a la larga acaban privándonos del goce de vivir...


En vista de que, cada miércoles, la sala de karate donde daba mis conferencias se llenaba de público, muchas personas trataron de alquilarla a un precio más alto para utilizarla el mismo día y a la misma hora, pensando que al ocupar mi puesto obtendrían la misma cantidad de público. Para las machis, o curanderas mapuches, todas las enfermedades que padecemos son producto de la envidia. Si por celos deseamos lo ajeno o comenzamos a imitar a alguien, nos ponemos a competir; pero, aunque obtengamos el éxito social, habremos anulado nuestro verdadero ser.


El joven Isaac regresa contentísimo a casa. Va a toda prisa al encuentro de su padre y le anuncia triunfante:
-Papá, ¿sabes que esta tarde, al volver del colegio, me he ganado dos euros?

-¿Ah, sí? ¿Y cómo lo has hecho?

-¡En vez de coger el autobús he corrido detrás de él hasta el final! -¡Has hecho una tontería, hijo mío! Si hubieras corrido detrás de un taxi, habrías ganado diez veces más...


No
s hacemos ilusiones y creemos que persiguiéndolas ganaremos mucho. Sin embargo, por no hacer frente a nuestros problemas funda-mentales, no nos realizamos en absoluto. En la naturaleza existen seis maneras princi-pales de sobrevivir, que pode-mos aplicar a las conductas del ilusorio Yo personal en su afán de negar al Yo superior y al Yo esencial, tratando de dirigir él solo nuestra vida:


La primera consiste en multiplicarse enormemente. Algunos peces se reproducen por millones, de tal modo que, aunque mueran legiones, siempre queda un buen número de ellos.


La segunda manera de sobrevivir es adaptarse a cualquier circunstancia. Por ejemplo, pasado algún tiempo, ciertos insectos se adaptan al DDT, lo asimilan, se relamen en él.


La tercera consiste en camuflarse. El animal se disfraza con las características de su medio

ambiente, se hace pasar por una hoja de árbol, desarrolla una piel con manchas blancas y negras para desaparecer entre las luces y sombras de la vegetación, etc.


La cuarta es agredir. Venenos, colmillos, espinas, gruñidos, alaridos, pestilencias, garras: un conjunto de elementos creados con el exclusivo fin de disuadir de ser atacado.


La quinta es huir. Se abandona el alimento, el territorio, cualquier posesión confiando en la velocidad de las patas o de las alas.


La sexta consiste en aislarse, enquistarse. La vida se encierra al máximo en sí misma. Es 
posible hallar organismos incluso en las centrales nucleares. Están tan replegados y defendidos que logran subsistir en ese medio.


Para sobrevivir, el Yo personal, limitado, utiliza estos mismos seis principios. Desarrolla una tendencia a multiplicarse desmesuradamente. Ciertas personas tienen un Yo personal que se agranda sin cesar, convirtiendo a cada persona, célebre, familiar, muerta o viva, en espejo de sí misma. Un gurú hindú hizo a sus miles de seguidores que llevaran colgado un retrato de él en el cuello.


El Yo personal también se adapta muy bien a todo. Por ejemplo, en una pareja, milímetro a milímetro, los dos miembros pasan por todas las fases. Primero se complacen en la seducción, son perfectos el uno para el otro; un tiempo después se increpan de vez en cuando; más tarde se han habituado tanto a ello que viven insultándose. Acaban protagonizando situaciones familiares espantosas pero, habiéndose adaptado a ellas, las experimentan a diario sin que les causen el menor asombro.


O bien se camufla. Para vivir tranquilo dentro de sus límites, el individuo sigue modas, milita en partidos políticos de la mayoría, lucha por ser «igual a todo el mundo», huye como de la peste de cualquier cosa que lo diferencie del rebaño. Puede agredir. Se convierte en un crítico feroz, demoliendo cualquier intento de quien desee sobrepasar su exigua visión de sí y del mundo. Cada palabra que emplea es destructora, odia a la humanidad.


Y también puede huir. Ante un problema difícil, que le va a exigir cambiar de hábitos, de prejuicios o abrir su corazón, elegirá encerrarse en casa, descolgar el teléfono, viajar a otra región, no contestar los mensajes, perder la memoria o hacer como los políticos: ante una pregunta directa, responder con evasivas.


En fin, se enquista. Durante años y años, sigue exactamente igual. Sus pensamientos, sentimientos, deseos, actividades, su carácter no evolucionan. Esta manera de sobrevivir es la más terrible de todas.


A veces pasamos años sin ver a alguien que formó parte de nuestra vida. Durante ese período hemos cambiado, nuestra vida se ha vuelto diferente, las heridas emocionales han cicatrizado, las ideas locas y estancadas han sido reemplazadas por conceptos fluidos, hemos aprendido a desear lo que es posible proponiéndonos para ello, como guía, metas sublimes. Lo que fuimos antes ha sido la semilla del ser desarrollado que hoy somos... Cuando nos encontramos de nuevo con esa persona que conocimos en el pasado, vemos que sigue manteniendo la misma actitud de entonces. Y lo peor es que insiste en vernos tal como éramos antes. No nos perdona el haber cambiado. Para ella el mundo debe ser lo que fue hace diez o más años. Se puede decir que es una persona muerta en un cuerpo vivo.


Una mujer se dispone a atravesar un puente. En el peaje, le entrega un euro al empleado. Éste le dice: .

-Está en un error. Atravesar el puente cuesta dos euros.

-No se preocupe, en medio del puente voy a arrojarme al agua...


Ciertos individuos dicen: «Trabajando con venerables maestros, haciendo esto y lo otro, he conseguido progresar en tal o cual terreno. Incluso he logrado crear un hogar, tener hijos... Sin embargo, no soy feliz. He tenido éxito en todo lo exterior, pero interiormente estoy desesperado».


Se les puede comparar con la mujer del puente. Cuando llegan a la mitad, quieren saltar para no pagar el precio. Avanzan hasta cierto punto y luego se dicen:


«Todo lo que he conseguido es exterior».


Sin embargo la realidad exterior es también interior. Cuanto sucede en el mundo, y cuanto hacemos en él, actúa sobre nuestro Cuerpo, nuestra Alma y nuestro Espíritu. Todo lo que damos nos lo damos. Todo lo que no damos nos lo quitamos.



En principio buscamos la felicidad. Pero la felicidad no es algo que debamos conquistar. Es una situación, un estado, una sensación que nos penetrará poco a poco sin que la busquemos, como el fruto precioso de experiencias positivas.


Hasta la mitad del puente, la persona ha comenzado a ordenar las cosas que cree que están en el exterior, y si paga el precio, es decir si continúa atravesando el puente, viviendo su vida no sólo como una aproximación, todo cuanto ha construido alrededor de ella comenzará a revertir y a proporcionarle la realización interior. Pagar el precio significa demoler los límites del Yo personal, cortar los lazos con el pasado, decir a las ideas locas «esto no soy yo», cortar también los sentimientos vampíricos, los deseos inculcados o las acciones destructivas. Si no lo hacemos, estaremos todo el tiempo saltando al llegar a la mitad del puente, creyendo que una aproximación es la única meta posible. ¡Vamos!, entreguemos los dos euros y atravesemos el puente. ¡No nos quedemos en la mitad, auto destruyéndonos! ¡No abandonemos la lucha sólo porque hay que hacer un esfuerzo más! El suelo en el que caemos es el mismo que nos ayuda a levantamos.


Un joven matrimonio se instala en un piso nuevo. Como quieren empapelar el comedor, suben a ver al vecino de arriba, que tiene un piso de las mismas dimensiones.

-Vecino, queremos empapelar nuestro comedor. Tú que ya lo has hecho, ¿cuántos rollos compraste?

-Siete -responde el vecino, amablemente.

Con esta información, los recién casados compran unos rollos de la mejor calidad, muy caros, y empapelan las paredes. Una vez empleados cuatro rollos, la sala está totalmente cubierta. Furiosos por haber gastado tanto dinero inútilmente, suben a ver al vecino para pedirle explicaciones:

-¡Hemos seguido tu consejo, en lo que se refiere al papel pintado, pero no comprendemos por qué nos han sobrado tres rollos!

- Y el vecino responde asombrado:

-¡Ah! ¿A vosotros también?


No todos somos idénticos. La experiencia de otro no es la nuestra. La solución al problema de otro es suya, y puede muy bien no convenirnos. Por supuesto que podemos aprender de lo que nos dice el vecino. Pero una verdad que es sólo palabras no nos aporta la necesaria experiencia. Nunca hay que creer al cien por cien lo que oímos. No porque la persona quiera o pueda engañamos, sino porque nosotros no somos esa persona.


Una mujer encinta, a punto de parir, pregunta a su madre qué ha de hacer.

-Hija mía, dicen que no hay que contraerse demasiado, pero yo contraje el abdomen y me fue muy bien. Hazlo exactamente como yo y todo irá estupendamente.


La hija siguió el consejo de su madre, pero no le funcionó. Fue un desastre. Lo que sirvió a la madre no tiene por qué ser lo más adecuado para la hija. Es preciso comprender que nadie, aparte de ella misma, puede saber cómo traer a su hijo al mundo. Es justo tratar de transmitirle una experiencia: «Yo lo hice así, y me fue de tal forma». Pero es erróneo afirmar: «Como esto me fue bien a mí, hazlo tú también y te irá igual».


En mi obra de teatro Zaratustra, un discípulo impaciente (A) interroga a su maestro (Z):

A. Me han dicho que sabes luchar. Enséñame.

Z. Bien. Éstas son las cuatro llaves fundamentales. Una, dos, tres y cuatro.

A. Una, dos, tres y cuatro. ¡He aprendido a luchar! ¡Domino las cuatro llaves! Ya sé tanto como tú. ¡Y soy más joven! Voy a combatir contra ti y te ganaré.

Z. Bien.

A. (Atacando.) Una, dos, tres, cuatro.

Z. (Lanzándolo al suelo.) ¡Y cinco!

A. ¡Trampa! Me dijiste que sólo había cuatro llaves y sabías otra. ¿Por qué no me la enseñaste?

Z. La quinta me pertenece; es intransmisible, depende de la forma de mi cuerpo y de la consistencia de mi carne. Si quieres ser buen luchador, encuentra la última llave, la que sólo a ti te pertenece, la que nadie más te puede enseñar.


Buscar la Verdad es ir de aproximación en aproximación. Para llegar al centro, al Dios interior, hay que seguir la vía de la autenticidad. 


Cabaret Místico

ALEJANDRO JODOROWSKY

domingo, 29 de octubre de 2017

Ser lo que se es

Ser lo que se es
¡MARAVILLOSA Semana!!!



Un maestro sufí, después de que uno de sus discípulos (un ladrón a quien quiso redimir inculcando frases del Corán) se escapara con una gran cantidad de su dinero, me dijo: «Es mi culpa», y me contó una antigua fábula:

Ante el león, rey de la selva, se presenta quejoso un can. 
-Majestad, odio ser llamado "perro».
Es un nombre feo, despreciable. ¿Podríais darme otro?
-Aunque te cambie el nombre, seguirás siendo el mismo. 
-Ponedme a prueba, majestad.
-Bien, te confío este trozo de carne roja. Guárdala, sin tocarla, hasta mañana.
El león se aleja. El perro, junto al apetitoso alimento, ve pasar una hora, dos. La boca se le llena de saliva. A la tercera hora exclama:
-¡Qué necio he sido! ¡Cómo pude no darme cuenta de que la palabra "perro» era hermosa!
Diciendo esto, engulle la carne y se escapa.

A primera vista esta fábula nos previene de que nadie, a menos que lo haga uno mismo, puede cambiar la naturaleza de un ser humano. Sin embargo, se le podría dar un significado positivo: el león capta la verdadera esencia del perro y la: respeta.
Cuando el can, por compararse al rey, se siente insatisfecho de sí mismo, éste lo coloca frente a una tentación que le revelará lo que en verdad es. El perro dejará de despreciarse y reconocerá que siendo auténtico recupera el gusto por la vida. El rey le ha transmitido lo esencial. Ahora, rechazando ser león y aceptando ser perro, podrá disfrutar del lugar que le corresponde.

Jacob Grinberg llega al cielo. El Altísimo le otorga un rincón oscuro y Jacob se queja:
-¿Es esto todo lo que recibo como premio? ¡Entonces no me sirvió de nada esforzarme toda mi vida para ser como el profeta Moisés!
Yahvé le contesta:
-Hubiera preferido que te esforzaras en ser Jacob Grinberg.

Llegar a ser lo que se es, y no lo que los demás quieren que seamos, no es fácil. Muchas veces, por ausencia del padre, ya en su vientre gestador la neurosis posesiva de la madre nos infecta.

Un hombre de treinta años vive sobreprotegido por su madre. Ésta le hace la comida, le lava la ropa y se la plancha. Incluso le limpia los dientes.
Un día este hombre se enamora locamente de una mujer. La pide en matrimonio, pero ella le responde:
-¡Con tu madre, imposible!
-¿Y eso por qué? ¡Mi madre es maravillosa y perfecta! -dice el hombre asombrado por tal negativa.
-Es tan perfecta que nunca podrás entregarte a mí. ¡Mientras ella exista, me niego a casarme contigo! -replica la mujer sin vacilar.
-¡No puede ser! ¡Si te niegas a casarte conmigo, me suicido! -suplica el desgraciado arrojándose a sus pies.
-¡Bien, pues entonces, si quieres que me case contigo, debes hacer una cosa: mata a tu madre y tráeme su corazón!
Desesperado, el hombre acepta plegarse a las exigencias de su amada. Con lágrimas en los ojos, vuelve a casa dispuesto a cumplir su crimen. Cuando la madre le oye entrar, corre hacia él:
-Hijo mío querido, ¿cómo estás? ¡Pareces triste! ¡Es por culpa de esa mala mujer, seguro! ¿Qué te ha hecho? Te advertí que no te traería nada bueno. ¡Ven! ¡Siéntate! Preparé una buena sopa de pollo. ¿Qué necesitas? ¡Dímelo! Haré lo que quieras...
Sin escucharla más, el hombre, decidido, se abalanza sobre ella, la mata y le arranca el corazón.
Llevando su preciado fardo en las manos, abre la puerta para ir a ofrecérselo a su amada pero tropieza y cae, mientras el corazón rueda por la tierra. El hombre se levanta como puede y, cuando va a recogerlo, oye al corazón decirle:
-¡Mi pobre niñito...! ¿Te has hecho daño?

A menudo, atrapados en relaciones infantiles no resueltas, sin haber conseguido la libertad de vivir como desearíamos, nos enredamos en conflictos emocionales que acaban haciéndonos sentir culpables, víctimas o infelices.

Infructuosamente, intentamos controlar las situaciones vitales con nuestra razón. Pero para lograr, como el perro de la fábula, comemos el delicioso trozo de carne cruda, o
sea realizar nuestros proyectos genuinos y vivir en un territorio que nos convenga, sin dependencias que nos obliguen, tenemos que ser conscientes de que hay una diferencia esencial entre el centro intelectual y el centro emocional.

En cierto modo la conducta emocional es semejante a la de un árbol. Cuando un animal tiene una herida, las células se regeneran y ésta cicatriza. (Podemos militar en un partido político, decepcionamos y luego defender, sin culpamos, una ideología contraria.) En cambio un árbol no puede regenerar sus heridas: quedan abiertas para siempre, tan sólo logra ocultarlas bajo una capa protectora. La herida, así cubierta, permanece intacta y, cuando se pudre, puede invadir todo el tronco.

La vida del árbol consiste en una película de células, no más espesa que una hoja de papel, creciendo bajo la corteza. Es la única parte viviente. El resto del tronco está formado por materia leñosa, estructura muerta que sostiene esa fina capa en la cual reside la vida.

Cuando un árbol crece aislado, recibe tanta luz que se expande a lo ancho. Por contra, en un bosque, comprimido entre otros, se eleva alto y recto buscando la luz.

Mas en el fondo lo que quiere, antes que nada, es ensancharse, crecer hacia el exterior, aumentar su superficie de contacto... Nuestro centro emocional funciona según este mismo principio. El intelecto, tratando de alcanzar la vacuidad, se concentra cada vez más en sí mismo... El corazón se expande hacia el exterior, como si dijera: «No únicamente yo. También los otros. Me abro hacia ellos y, como un árbol que cada año crea una nueva capa viviente dejando que la anterior se solidifique, fortifico mis sentimientos. Eso me enriquece. Camino hacia la plenitud. Avanzo sin límites hasta llegar a amar no solamente a mi pareja y a mi familia sino también a las otras familias, los amigos, la humanidad entera -la actual, la pasada y la venidera-, el planeta, el cosmos, su posible creador».

Cuando morimos, nuestro corazón se llena de sangre mientras que el cerebro la pierde. Mente vacía, corazón lleno. Las verdaderas emociones son como olas gigantes. Cuando vivimos una tragedia, el vacío mental que se nos produce nos permite soportar esa tempestad emocional. Pero si no hemos logrado esa vacuidad, la tempestad emocional nos ahoga. En ese estado podemos deprimirnos, suicidamos o enloquecer.

Cada árbol posee una arquitectura en la que ramas y raíces se corresponden. Si se le cortan ramas, las raíces correspondientes mueren, y si se le cortan las raíces, las ramas correspondientes mueren. La inmensa arquitectura exterior responde a una arquitectura subterránea. Esta última no trata de descender hacia las profundidades de la tierra, porque ahí no encontraría alimento alguno, sino que se expande horizontalmente hasta que logra satisfacer su verdadera necesidad de sales minerales. El árbol chupa de la tierra estas sales disueltas en agua para que lleguen a las hojas. Estas hojas son la única «fábrica» que el vegetal posee. Ellas, con la ayuda del sol y del anhídrido carbónico, elaboran el verdadero alimento -la savia- y lo hacen descender hasta las raíces. Todo cuanto es absorbido en el suelo y expandido hacia arriba es de inmediato devuelto hacia abajo.

Hemos fijado lo volátil, es necesario volatilizar lo fijo; en otros términos, hemos materializado el espíritu, es preciso espiritualizar la materia.
Éliphas Lévi, Dogma y ritual de la alta magia

Al mismo tiempo que succiona las fuerzas de la tierra, el árbol la nutre con sus hojas, ramas secas y toda una serie de hongos que crea para que lo ayuden a asimilar después. Hay un intercambio de energía, de recepción y don. Entre los seres humanos encontramos a veces parásitos que sólo piden. Succionan un conocimiento, lo depositan en su cerebro y no lo comparten, lo guardan ahí, sin transformarlo en sentimientos, como un excremento metafísico. En Japón, cada vez que alguien compra una cosa recibe un pequeño regalo, porque en la tradición popular es indigno tomar sin dar.

El árbol forma cada año una capa que rodea todo el tronco. Cuando es cortado transversalmente es posible observar, en forma de anillos concéntricos, cuáles fueron sus años buenos y cuáles los difíciles, porque el pasado se hace estructura. Si los doce meses han sido lluviosos, el anillo es grueso. Si han sido secos, el anillo es delgado... Esta característica vegetal puede ayudamos a comprender lo que supone un trauma para un niño. Cuando el infante vive algo que no debió vivir (una agresión sexual, por ejemplo) o, por el contrario, no vive lo que habría debido vivir (mamar del pecho de su madre, por ejemplo), se crea en su inconsciente una especie de capa protectora. Emocionalmente, queda bloqueado en la edad en que sufrió el daño. La vida continuará, pero él permanecerá aislado en las profundidades de su corazón, como un niño que no crece... a menos que rompamos esa capa defensiva para revivir y comprender lo que encerramos, no con la ayuda de las palabras, sino a través de las emociones y las sensaciones.

Durante un parto traumático, el organismo del feto es expuesto a un gran peligro. Cada parcela del esfuerzo del futuro bebé está consagrada a su lucha por sobrevivir. La huella, altamente cargada, de esta lucha es literalmente una tempestad eléctrica que queda grabada en el organismo toda la vida como una tensión residual... Esta huella dejada por el nacimiento es más
importante en tanto que está injertada profundamente y de manera central en el cerebro y el sistema nervioso y se encuentra, muy pronto, encerrada como por una barrera por el córtex en desarrollo y la experiencia ulterior.
AIthurJanov,llueuas

Para el árbol, el proceso no termina ahí. Un tiempo después de recibir el tajo, la madera, aislada por la capa exterior, se corrompe. Las bacterias pueden invadir la herida y roer la podredumbre, que cae convertida en polvo y nutre la tierra. Es por esto que existen árboles huecos. Un árbol hueco permanece vivo porque su vida está en la periferia, pero, por falta de estructura sólida, es más débil y en cualquier momento puede caer. Cuando no sucede esto, el árbol crea raíces internas que. se alimentan de la podredumbre. Metáfora interesante: si llevamos en el alma una profunda tristeza, podemos echar raíces emocionales que se nutran de este sentimiento. Así, la. tristeza se convierte en fuerza vital... Somos capaces de no rechazar la herida, la aceptamos con su dolor hasta que, transformada en Consciencia, nos permite aliviar la tristeza de los otros. Cuando el árbol recibe una lesión, no pudiéndola cicatrizar, la interioriza, asume su sufrimiento. Del deseo de arrojar el sufrimiento hacia el exterior nace la depresión, la autodestrucción, el derrumbe moral. Si sumimos el sufrimiento en lo más profundo de nuestro ser, se convierte en alimento de una nueva vida.

El pasado es nuestra estructura espiritual, no nuestra identidad. Lo debemos venerar y honrar, sin amarramos a él, y continuar creciendo hacia el futuro, uniéndonos al mundo.

Cuando nada lo ataca, el árbol es un ser sólido y vivo. Nosotros también deseamos la solidez y la vida. Pero «sólido» y «vivo» son dos cosas diferentes. Se puede ser sólido y estar muerto, se puede estar vivo y ser frágil. A menudo encontramos parejas que, dando por actuales sentimientos que sólo existen en su pasado, afirman mantener una relación sólida. Sin embargo, ser sólidos el uno para el otro puede no excluir estar muertos emocionalmente. Si alguien nos proporciona la solidez, ¿nos da el amor? Si la relación es segura, ¿es viviente? Por esta razón las relaciones amorosas deben ser vividas intensamente en el instante en que se producen.

Cuando una rama se rompe pero queda unida por su base al tronco, muere donde está separada pero continúa creciendo ahí donde se mantiene unida. Mientras hay unión, hay vida. Para que la rama muera es necesario que sea separada por completo.

En la naturaleza, la vida de un organismo depende de su unión con el medio ambiente. Todo lo que se separa está condenado a morir. Cuando nos encerramos en nuestro Yo personal, hasta el punto de alejamos de los otros, nos encaminamos hacia la destrucción. Si todo lo positivo que obtenemos para nosotros no lo deseamos para los demás, se nos vuelve negativo.

Quien camina una legua sin amor, camina amortajado hacia su propio funeral.
Walt Whitman, Canto a mí mismo

Cada vez que un árbol es herido o pierde una parte, otra rama crece al Iado. Lo que está perdido, perdido está. No se puede resucitar lo cortado, pero en su lugar puede crecer algo nuevo. La respuesta del árbol ante una pérdida es crear de inmediato una nueva vida al Iado de la herida.

Si comprendemos la lección del árbol, consideraremos nuestros fracasos simplemente como un cambio en nuestra ruta. Guardemos en nuestro corazón a los muertos queridos pero no nos encerremos con ellos en su ataúd... Que permanezcan en nuestra memoria, que nos alimenten con su recuerdo, pero construyamos de inmediato nosotros una nueva vida.

Cuando el árbol sufre una lesión, tapa los canales que irrigan la parte afectada. A veces, si emplea demasiada energía, puede ahogar toda su circulación y llegar a secarse. Cuando la vida nos depara una desgracia, si empleamos una exagerada energía en eliminar el sufrimiento, podemos autodestruirnos. Deberíamos dedicar ese esfuerzo a sobrevivir, a experimentar algo nuevo, soportando valientemente el dolor.

El tiempo es nuestro aliado: poco a poco el dolor disminuye y el amor crece.
El maestro sufí me contó otra antigua fábula:

Un hombre, para ganar más dinero, agregaba agua a la leche ordeñada a su única vaca. Así lo hizo durante mucho tiempo. Un día en que la hacía atravesar un río, una repentina crecida se la arrebató.
Llorando, vio hundirse a su rumiante. Como nunca había dejado de agregar agua al alimento, ésta, como castigo divino, acabó por ahogar a la vaca.

Según este ejemplo, las acciones deshonestas se van acumulando en el espíritu del malhechor y terminan por aniquilarlo. Lo que hacemos al otro nos lo hacemos a nosotros mismos. Toda agresión termina por volverse contra el agresor. Se podría decir que los actos destructivos, los deseos ilícitos, los sentimientos rencorosos o las palabras negativas se acumulan en la memoria y la convierten en un lago envenenado que contamina al cuerpo.

Por otra parte, esta fábula podría interpretarse en un sentido positivo: la leche son las palabras, las acciones, los sentimientos, los deseos del individuo; y el agua que se añade, la intención sagrada. En este caso el «dueño de la vaca» es un iniciado que en su vida cotidiana acepta siempre la presencia del impensable Dios interior.

Para llegar a ser nosotros mismos, antes que nada debemos llevar a su realización a cada uno de nuestros cuatro egos. El Ego corporal debe conocer el agradecimiento, agradecimiento que significa ser consciente de la impermanencia de la materia, del milagro que es la vida y del inconmensurable valor que tiene cada segundo. El Ego libidinal debe conocer la satisfacción, satisfacción que significa la eliminación de deseos parásitos, la libertad creativa y la aceptación del placer genuino.

El Ego emocional debe conocer la paz, paz que significa el perdón universal (para el iniciado, mirar, escuchar, olfatear, tocar y gustar es bendecir) y la unión caritativa con las fuerzas positivas del mundo. El Ego intelectual debe conocer el silencio, silencio que significa el fin del diálogo espectador-actor. En resumen, las cuatro palabras fundamentales de la magia: querer, osar, poder, callar. 

Quien logre estos cuatro conocimientos no debe pensar orgullosamente que ha llegado a ser él mismo. Sólo ha logrado solidificar el Yo superior, sin darse cuenta de que éste, cuando se vive separado del todo, es ilusorio. Cuando se es únicamente Yo superior, no se es lo que se es. Para ser nosotros mismos debemos dar pasos en lo desconocido, aceptar que el Yo esencial está presente en cada una de nuestras elecciones, que es imposible saber quiénes somos porque eso sólo implicaría espejismos racionales, y aceptar las fuerzas desconocidas que nos alimentan, saber que en verdad quien propone las decisiones no es el Yo superior sino, a través del Yo esencial, el Dios interior... 
QUERER vivir la totalidad de nuestro ser; 
OSAR obedecer los dictados de nuestra intuición; 
PODER realizar lo que nos proponemos porque hemos aprendido a no luchar contra nosotros mismos; 
CALLAR, en el sentido de cesar de hacer del intelecto un tirano y obedecer a nuestro inconsciente sabiendo que no es un enemigo sino el más fiel de los aliados. 
Ser lo que se es implica aunar al Yo personal la infinita sombra del inconsciente, más el eterno resplandor del Supraconsciente, más la potencia del Dios interior.


Cabaret Místico
Alejandro Jodorowsky