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miércoles, 27 de diciembre de 2017

Tipos de Amistad


Aristóteles, el alumno más destacado de la academia de Platón, tal vez sea el filósofo cuyas ideas más influencia han tenido en la historia del pensamiento occidental (por supuesto el otro candidato es su maestro, pero la visión de la ciencia moderna que domina el pensamiento contemporáneo está más cerca de Aristóteles). Aristóteles escribió de todo tipo de temas, y no dejó de tocar la amistad, algo que era especialmente caro para los griegos antiguos.
Probablemente la amistad sea la relación más noble y libre que puede tener un ser humano -y esto es algo que los griegos supieron muy bien. La verdadera amistad saca lo mejor de nosotros y refuerza nuestras afinidades y virtudes, le añade alegría a la vida. Es la forma más ligera pero generalmente la más sincera de ser poseído por Eros. Según Aristóteles existen tres tipos de amistades. Los primeros dos tipos de amistad son accidentales y un tercero que es más intencional.
El primero es la amistad de utilidad. En este tipo de amistad, las dos personas están involucradas no por afecto sino porque reciben algún beneficio. Esta amistad no es permanente, suele deshacerse cuando los beneficios se agotan. El filósofo peripatético observó que estas amistades utilitarias suelen ser más comunes entre los adultos..   
El segundo tipo de amistad accidental es la amistad basada en el placer y ésta es más común entre los jóvenes, cuando el placer está más a flor de piel. Suele ocurrir entre amigos que participan en actividades deportivas, o que van a fiestas y beben juntos.  Suele terminar cuando el gusto cambia o cuando una persona madura y deja de frecuentar este tipo de actividades sensuales.  Ambas amistades accidentales son limitadas y no encarnan del todo lo que significa la palabra amigo, que viene de la misma raíz que amor. 
El tercer tipo de amistad es lo que llamó la amistad de lo bueno. En esta amistad se comparte una apreciación de lo bueno y virtuoso de la vida y no se tiene una razón de sacar provecho. Estas relaciones suelen durar toda vida, siempre y cuando la persona tenga un cierto nivel de bondad. De la misma manera que aunque todos podemos tener parejas y demás, son sólo pocos los que realmente aman, podemos tener amigos pero son sólo pocos los que tienen realmente amistades en el verdadero sentido de la palabra. Personas que carecen de empatía no pueden tener este tipo de relaciones ya que es necesario entregarnos, servir y dar nuestro tiempo a la otra persona. Estas son amistades verdaderamente íntimas y profundas; suelen ser placenteras y benéficas, pero eso es lo de menos. Estas amistades no tienen un porqué realmente, como todo lo verdaderamente bueno y valioso existen por sí mismas, sin fines ulteriores.

domingo, 26 de noviembre de 2017

EL INGRATO




Como esos jugadores de naipes que, mirando con ojos neutros, de pronto atacan con el as de espada a la yugular de su oponente, el ingrato acecha.
Vulnerable al principio, el ingrato se te muestra grato superlativamente. Su humildad de utilería convence a tu inocencia, -que, negando, sólo quiere percibir el Bien-. Mas su avaricia se babea entre las sombras, donde no lo ves, previendo el instante en el que salte a rapiñar el Anillo de Poder.
Succiona ávidamente (lo que necesita, y mucho más); esquilma con elegancia: engulle como si sólo sorbiera. Y, poco a poco, su actitud te envuelve en esa pegajosa telaraña hipnótica: "No me das lo suficiente: merezco MÁS".
Entonces te hace un torniquete en la garganta, para que no respires SU aire. Recibió miel, y devuelve hiel.
Como el mosquito que chupa tu sangre mientras te inocula su peste, el ingrato, una vez que se ha llenado, realiza su pase mágico y sucede lo impensado: es ÉL quien te ha dado, y eres TÚ quien le debe. Te marea para confundirte y que no sepas quién dio qué.
Porque sabe ejercer un arte en el que sólo un ingrato es diestro: minimizar todo lo recibido y amplificar todo lo que te ha dado. Entonces la ecuación te dejará en evidente desventaja.
Te comió la pulpa, y ahora escupe la cáscara en tus ojos.
Y en el último instante, retuerce la Ley: la recorta, la reescribe, hasta que le quede a medida para cubrir su impudicia con repugnantes decires: "Me has lastimado. Te lo haré pagar caro."
Quiere que sientas culpa: así es como degüella en su faena el cuello manso del cordero, mientras, -sembrando rumores como tumores-, busca que todos crean que el cordero se comió al lobo.
No permitas que te devaste: amputa su aguijón impune. Protege tu intención incorrupta: cercénalo de ti.
Pobre el ingrato: en su regusto interno regurgita ácidamente el jugo de su miserabilidad.
Hay ingratos que en el último instante pueden despertar, y retroceder en su felonía. (Benditos sean esos conversos.)
El resto está llamado a este aprendizaje: QUE TODA CAUSA TIENE SU EFECTO. Nadie escapa de eso. Allí ya no tendrá cómo engañar ni cómo autoengañarse: quedará acorralado contra la pared, y será la Vida quien apoye en su yugular la punta del as de espada.
Autorredención o autoinfierno: ésos son los caminos del ingrato. La didáctica de la vida es inequívoca.
Bendito sea el ingrato que ha elegido no serlo.

jueves, 24 de agosto de 2017

Tener razón crecer

El maestro espiritual estadounidense Rudy, autor del bestseller Spiritual Cannibalism, alguna vez dijo: "debes elegir entre crecer o tener razón". Algo similar fue expresado por el filósofo y ocultista Manly P. Hall, quien dijo que "la vida se trata de entender, no de ser entendido". Estas dos frases aparentemente muy sencillas resumen gran parte del dilema existencial de una persona que busca evolucionar espiritualmente, para lo cual es necesario trascender el ego o la importancia personal en favor del bien universal.
No hay duda de que el ego es importante en la consolidación de todo individuo. Incluso para que alguien pueda aspirar a los aspectos más elevados de la existencia, aquellos de la autorrealización o de la liberación, es importante antes haber consolidado y afianzado su seguridad como persona, alimentar en cierta forma su solidez como individuo y cultivar el amor propio. Paradójicamente esto es necesario, si bien luego justamente el siguiente estadio de la evolución dependerá de que pueda abandonar los constructos que le brindan seguridad y disolver su ego, incluso destruirlo en el altar de la compasión, el sacrificio y la entrega hacia algo superior. Pero para alcanzar la totalidad del sí (self), como sugirió Jung, primero es necesario individuarse.
Esta siguiente etapa de la evolución espiritual generalmente se presenta con esta disyuntiva: querer seguir teniendo razón, seguir fortaleciendo nuestra identidad, generalmente llenándonos de cosas que nos dan seguridad, como son los bienes materiales y sobre todo el éxito y el reconocimiento de los demás, o crecer e ir más allá de los los lugares comunes que marca la sociedad como picos existenciales. El ego fue importante para el crecimiento del individuo, particularmente en el paso de la adolescencia hacia la adultez, pero hay un punto en la madurez en el que se convierte en el principal obstáculo
para la continuidad del crecimiento, el cual evidentemente deja de ser material (tanto en el sentido de que como adultos dejamos de crecer físicamente como en el sentido de que enfocarnos en el éxito material va en detrimento del crecimiento espiritual). La manera en la que el adolescente (el que crece hacia pero también el que carece de) se consolida es fundamentalmente buscando tener razón, buscando ser entendido, buscando ser admirado y aceptado. La manera en la que crece una persona madura es trascendiendo el deseo de ser admirado y reconocido, poniéndose al servicio de los demás, actuando sin esperar algo a cambio. Este poder brindarse enteramente al otro es de hecho la seña esencial de que ha crecido, de que ha integrado su personalidad y superado la mentalidad pueril que se caracteriza por creer que el mundo gira alrededor de uno, y por lo tanto permite que una persona sea un buen padre o madre. Asimismo esto marca el momento en el que podemos superar las trampas de la razón, de la intrincada mente racional que teje sus laberintos y oculta formas de conocer y comunicarse que son más cálidas e intuitivas, más ligadas al corazón que al cerebro. Al dejar de buscar tener razón todo el tiempo y autoafirmarnos se libera un enorme caudal de energía, una soltura y ligereza que posibilitan la evolución espiritual. El término "evolución espiritual", evidentemente, hace referencia a la noción de que existe una evolución que no es meramente material, que podemos describir justamente como el crecimiento del ser. Para que el ser crezca es necesario dejar de identificarse solamente con una existencia individual separada: crecer en ese sentido es ser más, ir de la conciencia del uno a la conciencia del todo.
Se puede hablar de que actuar compasivamente, con la intención de ayudar a los demás es trascender el ego. Naturalmente, el amor y la compasión trascienden el ego en el sentido de que buscan primordialmente la felicidad de los demás. Pero también se puede hablar de que actuar así, primero buscando entender a los demás para poder efectivamente ayudarlos, en vez de proyectar en ellos nuestros miedos y esperanzas, es de hecho la más alta inteligencia individual: la claridad pura del yo que marcha al matadero para descubrir su infinitud. Una inteligencia que es paradójicamente la destrucción del ego individual a sabiendas de que lo que permite la evolución del ser es aniquilar todos los complejos, hábitos e identificaciones que crean la ilusión de que existimos separados, de que somos un yo sólido, estable e independiente. Uno antepone entender a los demás antes de buscar que los demás satisfagan nuestros deseos porque ha entendido que pensar egoístamente acaba conduciendo al sufrimiento. Así que podemos hablar también de una sublimación del ego (lo que era ilusoriamente sólido se vuelve realmente etéreo e ilimitado), de un acto meta-egoico, que reconoce que su verdadero sí mismo es mucho más grande y noble. Todas las religiones e incluso filósofos como Heidegger coinciden en que cuando dejamos de identificarnos con las pequeñeces y las trivialidades del yo individual que se percibe en conflicto con un universo de objetos, el Ser universal se reconoce y actúa en nosotros. Es por esto que el Buda consideró que la idea más poderosa y sobre todo útil que existe es la del no-yo o anatman, la cual se expresa también como la vacuidad o ausencia de existencia independiente, que a su vez se expresa como la interdependencia de todas las cosas. Un sentido ecológico y no egológico. 
POR: ALEJANDRO MARTÍNEZ GALLARDO - 08/02/2017